Arturito Búsquedas

viernes, 29 de marzo de 2019

La trágica historia de la pionera de la aviación que se convirtió en misterio

No fue una bala la que en plena Primera Guerra Mundial marcó a Amelia para siempre, sino un bicho que le inoculó la pasión de su vida: la aviación. Desde que visitó un campo del Cuerpo Aéreo Real Británico, supo que su destino estaría ligado a un avión, el aparato que la llevó a la gloria pero que terminó por convertirse en su propia tumba, cuando, antes de cumplir 40 años, desapareció en el aire sin dejar rastro alguno.


Amelia Mary Earhart, que de ella se trata, nació el 24 de julio de 1897, en Atchison, en el estado estadounidense de Kansas. Pasó buena parte de su infancia con sus abuelos maternos, quienes le dieron todos los gustos, puesto que su abuelo era un prominente juez federal retirado, que decía que su yerno no podía ofrecer a su familia un estilo de vida holgado.
Ya desde su infancia, mostró su carácter. Se involucraba en actividades que en esa época eran atribuidas a los chicos: escalaba árboles, andaba en trineo y mataba ratas con un rifle. También tenía como pasatiempo reunir recortes de noticias donde mujeres famosas sobresalían en actividades tradicionalmente protagonizadas por hombres.
En 1905, a los ocho años, volvió a vivir con sus padres, que se habían mudado a Des Moines, Iowa, y a los 10 años vio por primera vez un aeroplano en una feria estatal. Su padre, que se había vuelto alcohólico y no daba pié con bola, empezó a mudarse con su familia de una ciudad a otra, para recalar finalmente en California .

Pero fue antes de su establecimiento en California, cuando Amelia se enamoró para siempre. Durante la Primera Guerra Mundial, se enroló junto a su hermana como voluntaria en labores de enfermería en Toronto, Canadá . Atendió a los pilotos heridos en combate y también aprovechó la ocasión para visitar, como se dijo, un campo del Cuerpo Aéreo Real Británico. Ahí fue cuando, como ella misma dijo tiempo después, terminó "picada por el gusanillo de la aviación".
En 1920, asistió a un espectáculo aéreo en Long Beach y consiguió que la llevaran a bordo de un biplano en el que voló durante diez minutos sobre Los Ángeles. "Tan pronto como despegamos sabía que tendría que volar de ahora en adelante", comentó después.
Tomó clases para convertirse en piloto, se compró un biplano amarillo al que llamó "Canario" y ya en 1922 consiguió su primer récord de altitud al volar a 4267 metros de altura. Para 1923 obtuvo la licencia de piloto de la Federación Aeronáutica Internacional y empezó a acumular un récord tras otro.

Pero fue en abril de 1928 cuando recibió una llamada que le cambiaría la vida: el capitán H.H. Railey le preguntó si quería ser la primera mujer en cruzar el océano Atlántico en un avión. Así fue cómo, acompañada por el piloto Wilmer Stultz y al mecánico Louis Gordon, partió de Canadá y llegó a Gales el 18 de junio de 1928, a bordo de un avión llamado "Amistad". A partir de ese momento, se la empezó a llamar Lady Lindy, por su parecido con Charles Lindbergh, el primer hombre en cruzar el Atlántico, en 1926.
Cuatro años después quiso hacer el cruce del Atlántico sola, y aceleró los preparativos porque veía que otras mujeres estaban a punto de intentarlo. Así que el 20 de mayo de 1932 emprendió el viaje y llegó a Irlanda. Así se convirtió en la primera mujer en hacer un vuelo solitario en el Atlántico, en volar la distancia más larga sin parar y en hacerlo en el menor tiempo. Además, fue la primera persona en hacer ese cruce dos veces.

Los reconocimientos se acumularon. Hizo un tour por Europa ; en Nueva York hizo un recorrido bajo una lluvia de papelitos, el presidente Herbert Hoover la condecoró con la medalla dorada especial de la National Geographic, recibió las llaves de varias ciudades y fue votada la mujer más destacada del año. Estaba tocando el cielo con las manos. Pero... siempre hay un "pincelazo" que estropea la felicidad.
Se obsesionó con la idea de hacer un vuelo alrededor del mundo. Y lo inició. Pero el viernes 2 de mayo de 1937, el día que debía partir de una de sus escalas en Papúa Nueva Guinea, Amelia amaneció cansada y enferma. Pese a que estaba nuboso y con lluvias intermitentes, partió igual. Nunca más se supo nada de ella. Fue como si se la hubiese tragado el cielo.
En marzo de 2018 se anunció que unos huesos encontrados en una isla del Pacífico eran los de Amelia. Richard Jantz, profesor emérito de antropología y director emérito del Centro de Antropología Forense de la Universidad de Tennessee, reexaminó siete mediciones óseas realizadas en 1940 por el médico D. W. Hoodless y, a diferencia de éste, concluyó que pertenecían a una mujer.
Según esta última teoría, 70 años de especulaciones habrían llegado a su fin, luego de decenas de búsquedas, afirmaciones y leyendas sobre lo que realmente le sucedió a la pionera de la aviación, que un siglo antes fue picada por el bicho de una pasión que la acompañó hasta el final. Hasta que se transformó en misterio.

Por Carlos Manzoni, para LA NACION

Tomá nota de qué alimentos no deberías nunca congelar en el freezer

No todo alimento es "congelable".
Cuando no llegamos a comer todo, es una solución rápida y fácil: en un recipiente o bolsa hermética, al congelador o freezer. Congelamos los alimentos para que duren más tiempo y además para que no pierdan sus propiedades nutricionales.
Pero hay que hacer esto con cuidado, dado que no todos los alimentos o productos alimenticios están en condiciones de ser “frizados”.

¿Cuánto tiempo aguantan los alimentos congelados?
La carne, el pescado, la fruta y cualquier alimento que no sea un vegetal puede congelarse sin problema. En el caso de la verdura, se recomienda en todo caso cocinarla al vapor antes de hacerlo, para disminuir la pérdida de nutrientes.
El tiempo que aguantan congelados sin deteriorarse depende del tipo de alimento. El pollo aguanta hasta un año; la carne de ternera y el cerdo entre 4 y 12 meses. Entre los pescados, el marisco es el que dura más (de 3 a 12 meses), y el que fue cocido previamente permanece congelado nomás de 3 meses sin que sus propiedades se vean alteradas.
El pan no resiste más de 6 semanas, mientras que la pasta puede aguantar hasta 6 meses. Lo mismo con las frutas y verduras: hay mucha diferencia en el tiempo de conservación, pudiendo durar desde 3 meses hasta un año.

Entonces, ¿qué alimentos no debemos congelar?
- Las ensaladas
- La mayonesa
- Las papas
- El queso crema
- Los huevos con cascarón o cocidos
- Los aderezos para ensaladas
- La crema batida
- Los tomates
- El yogur
Algunos factores externos también colaboran en la conservación de los productos o alimentos que sí pueden ser congelados: el tipo de envase (mejor en cristal), el tamaño de la porción (mejor pequeñas) o la temperatura del freezer (la más baja posible) son aliados que pueden ayudar a mantener un alimento fresco y con sus propiedades originales.

Hoy canta, Guadalupe Raventos

Tema: Canción para Esa Mujer (Brazilian Rhyme)
De: Litto Nebbia
https://youtu.be/UJxcQq-xB4o?list=OLAK5uy_mrPkmvg6TsUf-HEgXhOZypFl0teYJdsDw

El Amigo del Agua - Bioy Casares

El señor Algaroti vivía solo. Pasaba sus días entre pianos en venta, que por lo visto nadie compraba, en un local de la calle Bartolomé Mitre. A la una de la tarde y a las nueve de la noche, en una cocinita empotrada en la pared, preparaba el almuerzo y la cena que a su debido tiempo comía con desgano. A las once de la noche, en un cuarto sin ventanas, en el fondo del local, se acostaba en un catre en el que dormía, o no, hasta las siete. A esa hora desayunaba con mate amargo y poco después limpiaba el local, se bañaba, se rasuraba, levantaba la cortina metálica de la vidriera y sentado en un sillón, cuyo filoso respaldo dolorosamente se hendía en su columna vertebral, pasaba otro día a la espera de improbables clientes.
Acaso hubiera una ventaja en esa vida desocupada; acaso le diera tiempo al señor Algaroti para fijar la atención en cosas que para otros pasan inadvertidas. Por ejemplo, en los murmullos del agua que cae de la canilla al lavatorio. La idea de que el agua estuviera formulando palabras le parecía, desde luego, absurda. No por ello dejó de prestar atención y descubrió entonces que el agua le decía: “Gracias por escucharme”. Sin poder creer lo que estaba oyendo, aún oyó estas palabras: “Quiero decirle algo que le será útil”. A cada rato, apoyado en el lavatorio, abría la canilla. Aconsejado por el agua llevó, como por un sueño, una vida triunfal. Se cumplían sus deseos más descabellados, ganó dinero en cantidades enormes, fue un hombre mimado por la suerte. Una noche, en una fiesta, una muchacha locamente enamorada lo abrazó y cubrió de besos. El agua le previno: “Soy celosa. Tendrás que elegir entre esa mujer y yo”. Se casó con la muchacha. El agua no volvió a hablarle.
Por una serie de equivocadas decisiones, perdió todo lo que había ganado, se hundió en la miseria, la mujer lo abandonó. Aunque por aquel tiempo ya se había cansado de ella, el señor Algaroti estuvo muy abatido. Se acordó entonces de su amiga y protectora, el agua, y repetidas veces la escuchó en vano mientras caía de la canilla al lavatorio. Por fin llegó un día en que, esperanzado, creyó que el agua le hablaba. No se equivocó. Pudo oír que el agua le decía: “No te perdono lo que pasó con aquella mujer. Yo te previne que soy celosa. Esta es la última vez que te hablo”.
Como estaba arruinado, quiso vender el local de la calle Bartolomé Mitre. No lo consiguió. Retomó, pues, la vida de antes. Pasó los días esperando clientes que no llegaban, sentado entre pianos, en el sillón cuyo filoso respaldo se hendía en su columna vertebral. No niego que de vez en cuando se levantara para ir hasta el lavatorio y escuchar, inútilmente, el agua que soltaba la canilla abierta.

Fuente: Palabra de Adolfo Bioy Casares. Conversaciones
con Sergio López, Emecé, Buenos Aires, 2000 e incluído en Una Magia Modesta (2ndo Libro)

Crean un gel adhesivo para curar lesiones en los ojos (sin cirugía)

El desarrollo es capaz de sellar cortes y úlceras en la córnea, al tiempo que regenera el tejido de la zona. Por el momento, fue probado con éxito en modelos preclínicos.
Por Guillermo Lobo

Los investigadores esperan comenzar con las pruebas clínicas el próximo año.
Las heridas en la córnea (la parte frontal transparente del ojo) son una causa común de problemas de visión en el mundo. De hecho, se detectan más de 1.5 millones de casos anuales de ceguera corneal a nivel global. Hasta el momento, el tratamiento de úlceras, lastimaduras y agujeros suelen involucrar cirugía, pegamentos sintéticos y hasta trasplantes de córnea.

Por esto, un grupo de científicos de la Universidad Médica de Harvard y del Centro de Ojos y Oído de Massachusetts (Estados Unidos) desarrolló un gel adhesivo que es capaz de curar la zona sin necesidad de intervenciones quirúrgicas. El producto se llama GelCORE y ya fue probado con éxito en estudios preclínicos.
De acuerdo al artículo publicado en la revista científica Science Advances, el desarrollo consiste en un biomaterial adhesivo formado por una mezcla de gelatina químicamente modificada y fotoiniciadores. Se coloca con una jeringa o un gotero y se activa con una breve exposición a la luz azul. Este contacto cambia el estado viscoso del gel y lo vuelve duro, imitando las características de la córnea.

“Lo que esperamos es que el producto pueda llenar un vacío en la tecnología disponible para este tipo de lesiones”, señaló Reza Dana, uno de los autores del artículo, a medios extranjeros. En este sentido, “creamos un material que permite a la córnea no solo cerrar el defecto sino también regenerarse”, completó. Así, con el tiempo el material se vuelve uno con el tejido original.
Según lo indicado, esta tecnología presenta varios aspectos positivos. Por un lado, reemplazaría a los pegamentos que se utilizan actualmente, que son difíciles de manejar y pueden provocar una pérdida de visión significativa por su opacidad. Asimismo, depende de la exposición a la luz azul, lo que elimina la toxicidad de la ultravioleta –empleada en desarrollos similares–.
Ahora, los expertos trabajan en formular pequeñas modificaciones al producto original para poder tratar distintos tipos de lesiones. Además, esperan empezar las pruebas clínicas en pacientes el próximo año.

Cuáles son los cinco errores más comunes a la hora de cebar un mate

Valeria Trapaga, la primera sommelier de yerba mate, explica los mitos que se repiten en este "ritual" y que le quitan el verdadero sabor. Además, destaca los principales beneficios que tiene para la salud.

Cuando los guaraníes descubrieron la yerba mate y la adoptaron en sus vidas no lo hicieron porque tenía un sabor rico, sino porque se habían dado cuenta de que era uno de los mejores remedios de la naturaleza para el cuerpo. "Nació siendo una pócima que hace bien", señaló Valeria Trapaga, la primera sommelier de yerba mate.
La experta, que hace 15 años se dedica a dar charlas sobre este componente y trabaja como consultora, es una de las voces más autorizadas para hablar del tema. A través de sus redes sociales revela con simpleza las grandes cualidades que tiene la yerba y da tips sobre cómo disfrutar del ritual de la mejor manera.
Por eso mismo, Trapaga advierte que a pesar de que nueve de cada 10 argentinos toman mate, hay errores muy comunes que se repiten de generación tras generación a la hora de cebar. Un poco por la ignorancia misma, otro poco por inercia y también por orgullo. En diálogo con este medio, ejemplificó cuáles son los cinco más habituales y los mitos que arrastran detrás.

Creer que el polvo de la yerba mate es malo
Es muy común que a la hora de cebar un mate, después de colocar la yerba, se tape el recipiente con una mano y se "bata" para poder quitarle el polvo excedente.
Sin embargo, la creencia popular de que este polvo "es malo" es un mito. Trapaga detalló que hay que diferenciar el polvo de hoja del polvillo. En el caso del primero, es un componente "virtuoso" que le da espumosidad y permite cebadas más duraderas. En cambio, el último es "barrido", es decir astilla de palo.
"El consumidor de mate tiene que saber diferenciarlos. Está muy mal decir que el polvo de la yerba está mal. El polvo es pura hoja molida", reforzó la especialista a este medio.

Agregarle agua fría al agua que ya hirvió
Un escenario muy habitual: la persona que va a calentar el agua para el mate se distrae y cuando se da cuenta ya hirvió. O calcula mal la intensidad de la pava eléctrica. ¿Qué hace para compensar el descuido? Le agrega un poco de agua fría para "nivelar" la temperatura.
"Es un error echarle agua fría al agua que ya hirvió".
Pero más allá de nuestros intentos, esto no es bueno para el resultado final. "El agua hervida pierde oxígeno y el poder de extracción de sabor y espumosidad de la yerba", apuntó la sommelier. Esto genera que los mates se laven o "se quemen" mucho más rápido.

Mover la bombilla
En la ronda, no falta la persona que -mientras toma- mueve cada tanto la bombilla. O la toca demasiado o hasta se atreve a limpiarla con los dedos, como si estos no tuviesen más bacterias que la saliva misma.
"En el ritual del mate es el único elemento que se comparte y tiene que establecerse el respeto", detalló Trapaga. "Una vez que la bombilla entra en el recipiente, no puede moverse porque rompe la estructura", agregó.

Agregarle azúcar o edulcorante
Este punto debe ser uno de los más debatidos a la hora de compartir un mate. Una pregunta que puede ocasionar automáticamente una grieta: "¿Amargo o dulce?". Para la experta en yerba, la respuesta más acertada es la primera.
"Al ponerle azúcar uno enmascara los sabores de la yerba mate. Tanto sus defectos como sus virtudes", argumentó. Sin embargo, sostuvo que su objetivo no es imponer una metodología, sino compartir con todos los consumidores herramientas para que mejoren la experiencia y que puedan conocer qué es lo que están tomando.

"Regar" el mate
"El mate no es una maceta, no se riega", bromeó la especialista al focalizar en el peor de los errores a la hora de cebar. Pero su chiste esconde una gran verdad. "Cuando se moja toda la yerba, sin separar una mitad seca, el sabor del mate va ir variando. Los primeros van a tener el de los componentes más chicos que se infusionan más rápido, los segundos al de la hoja gruesa y los últimos el del palo", aclaró.
Para la experta, el peor de los errores es "regar el mate".

Curiosidades detrás de la yerba mate
Tomar mate hace bien a la salud. Trapaga argumentó este concepto con la gran lista de beneficios que tiene para el cuerpo. Por ejemplo, al tener una gran cantidad de complejos antioxidantes -que protegen las células de su deterioro-, arrastra el colesterol malo y no permite que sea absorbido por la pared intestinal. Por lo tanto, la yerba mate repercute en la salud cardíaca.
A su vez, la sommelier sostiene que la "mateína" no existe. Sino que, en realidad, se trata de "las xantinas en forma de cafeína". "Son complejos anti-despertadores, aportan energía natural. A diferencia del café, que nos produce un abrupto aporte de energía y después decae, el mate genera una meseta de aporte energético", diferenció.
Otra de las curiosidades detrás de la yerba es que no se trata de una bebida, sino de un alimento. "Tiene proteínas vegetales que unidas a su complejo de vitaminas B es recomendada en lugares con carencia nutricional severa junto con la leche", agregó la experta. En este sentido, es un gran refuerzo para el funcionamiento nervioso y muscular.

jueves, 28 de marzo de 2019

Night And Day (Autor: Cole Porter)

Frank Sinatra (1957 version)
https://youtu.be/E10L8G67ozU

Bondiola de cerdo a la cerveza negra

Elaboración: 75' (minutos)
Calorías: 470
Porciones: 4
Dificultad: Fácil 

Ingredientes
Bondiola de cerdo 800 g.
Aceite 2 cucharadas (30 cc)
Cebolla 2 unidades (240 g)
Cebolla de verdeo 4 unidades (160 g)
Cerveza negra 1 litro.
Naranja 2 unidades (400 g)
Miel 2 cucharadas (40 g)
Romero 1 cucharada.
Almidón de maíz ½ cucharada (6 g)
Sal 1 pizca.
Pimienta Negra Molida 1 pizca.

Preparación
1). Para empezar desgrasá y limpiá la bondiola. Salá la carne y en una cacerola a fuego fuerte con un poco de aceite dorala 5 minutos de cada lado.

2). Sacá la carne y en la misma cacerola rehogá las cebollas previamente picadas en trozos pequeños por 5 minutos. Incorporá nuevamente la bondiola, también la cerveza negra, el jugo de naranja, la miel y el Romero.
La bondiola debe quedar sumergida al menos hasta la mitad en el líquido.

3). Tapá la cacerola y cociná a fuego moderado por 40 minutos, pasado ese tiempo destapala y seguí cocinando unos 30 minutos más (tené cuidado de que no se evapore todo el líquido, podés ir agregando agua de ser necesario).

4). Diluí el almidón de maíz en 1/2 taza de agua (será más fácil si es agua tibia) y agregalo en la cacerola.

5). Dejá que la salsa hierva y se espese, cuando esto pase apagá el fuego, ahí la bondiola ya está lista para servir.

Fuente: https://alicante.com.ar/15-receta-bondiola-de-cerdo-a-la-cerveza-negra

Acerca de las palabras

En la primera clase de una materia que dicto en la universidad, propongo un ejercicio engañosamente humilde. En medio del pizarrón escribo la palabra "gato". Solita, insignificante.
A continuación, les pido a mis alumnos que vayan diciendo todos los conceptos que pueden relacionar con esa palabra. Van saliendo así desde la agilidad hasta el sigilo, desde las vibrisas hasta Bastet.
En la siguiente media hora, la pizarra -que en realidad es blanca, y apunto este dato sin ninguna inocencia- se llenará de adjetivos, sustantivos y verbos. Entonces les digo que salvo unas pocas excepciones, todas las palabras reverberan en el lector con una resonancia así de vasta. Que no es igual miedo que terror, pavor, pánico, aprensión, susto, alarma o desasosiego. Ni significa lo mismo casa que hogar o morada que domicilio.
La semántica es la armonía del idioma, y cada palabra resuena con otras, no dichas, y estas a su vez inspiran nuevos ecos. Como las 11 cuerdas del sitar que no se tocan, sino que suenan por simpatía con las que el músico pulsa.
Les aconsejo entonces que no se conformen con el primer término que se les ocurra, que exploren, porque todo puede siempre decirse mejor, y que con no poca frecuencia el mismo adjetivo será mucho más efectivo si aparece una sola vez o si cuatro párrafos antes colocamos un sustantivo que de algún modo lo anticipa.

Palabras
Usamos entre 300 y 500 para hablar. Se dice que un buen escritor pasa de las 5000. Es lógico. Sobran los ejemplos en la literatura para demostrar una máxima inmarcesible: los libros no se escriben con ideas, sino con palabras. Así que cada día que aprendemos una nueva es, para los que vivimos del texto, un día de felicidad. Dije aprender, pero es más bien descubrir.
La tarea es doblemente dichosa. Porque, ¿cómo se descubren nuevas palabras? Leyendo a los maestros, por supuesto, y con un diccionario al lado. Pero hay otro modo. Mi madre, que quiso ser escritora, me enseñó cuando era chico a leer el diccionario. Prescindir de los autores e ir directo a la fuente. Desde entonces, no solo puedo pasarme horas rebuscando en ese arcón lleno de tesoros, sino que se me hizo un hábito el coleccionarlos. Tengo incluso dos de sánscrito y uno de alemán tan antiguo que está impreso en letras góticas.
Recuerdo lo que sentí cuando aprendí el verbo escampar. Algo tan sutil como el momento en que cesa de llover. No podía no tener su propio verbo. Allí estaba. En un cuento o en una novela. El escritor no tomó el camino fácil. No puso que había dejado de llover, sino que había escampado. Eso es amor.
Así se mantienen vivas las palabras, además. Cuando las dejamos de emplear, cuando caen en desuso, cuando alguien en alguna parte las cataloga como arcaísmo, adiós, es un color menos, un armónico menos. No habría música sin armónicos. Tampoco habría literatura.
Podría enumerar muchos vocablos que lo hacen a uno amar su idioma. O contar cómo, hace muchos años, con un ejecutivo de una compañía nacional, durante un viaje del que participaban muchos periodistas latinoamericanos, nos propusimos crear un diccionario con las palabras que suenan igual, pero significan cosas por completo diferentes, y en ocasiones con efectos enojosos. Quizás estábamos atareados en asuntos menos importantes, y el proyecto nunca prosperó.
Relataré, en cambio, cómo descubrí la palabra más nueva en mi colección. Hace unos días, mi colega Sebastián Ríos, experto en vinos y viticultura, publicó una foto de los racimos de su cabernet sauvignon y escribió: "Llegó el envero a Florida city". Entonces sentí esa emoción única, corrí al diccionario de la Real Academia y ahí estaba, preciosa y única. "Envero: Color que toman las uvas y otras frutas cuando empiezan a madurar." Ese fue un día feliz.

Autor: Ariel Torres. LA NACION.