MÉDIUM
Soy un hombre tranquilo, nervioso, muy nervioso; pero no estoy loco, como dicen los médicos que me han reconocido. He analizado todo he profundizado todo, y vivo intranquilo. ¿Por qué? No lo he sabido todavía.
Desde hace tiempo duermo mucho, con un sueño sin ensueño; al menos, cuando me despierto, no recuerdo si he soñado; pero debo soñar no comprendo por qué se me figura que debo soñar. A no ser que esté soñando ahora cuando hablo; pero duermo mucho; una prueba clara de que no estoy loco.
La médula mía está vibrando siempre, y los ojos de mi espíritu no hacen más que contemplar una cosa desconocida, una cosa gris que se agita con ritmo al compás de las pulsaciones de las arterias en mi cerebro.
Pero mi cerebro no piensa, y, sin embargo, está en tensión; podría pensar, pero no piensa… ¡Ah! ¿Os sonreís, dudáis de mi palabra? Pues bien, sí. Lo habéis adivinado. Hay un espíritu que vibra dentro de mi alma. Os lo contaré:
Es hermosa la infancia, ¿verdad? Para mí, el tiempo más horroroso de la vida. Yo tenía, cuando era niño, un amigo; se llamaba Román Hudson; su padre era inglés, y su madre, española.
Le conocí en el Instituto. Era un buen chico; sí, seguramente era un buen chico; muy amable, muy bueno; yo era huraño y brusco.
A pesar de estas diferencias, llegamos a hacer amistades y andábamos siempre juntos. Él era un buen estudiante, y yo, díscolo y desaplicado; pero como Román siempre fue un buen muchacho, no tuvo inconveniente en llevarme a su casa y enseñarme sus colecciones de sellos.
La casa de Román era muy grande y estaba junto a la plaza de las Barcas, en una callejuela estrecha, cerca de una casa en donde se cometió un crimen, del cual se habló mucho en Valencia. No he dicho que pasé mi niñez en Valencia. La casa era triste, muy triste, todo lo triste que puede ser una casa, y tenía en la parte de atrás un huerto muy grande, con las paredes llenas de enredaderas de campanillas blancas y moradas.
Mi amigo y yo jugábamos en el jardín, en el jardín de las enredaderas, y en un terrado ancho, con losas, que tenía sobre la cerca enormes tiestos de pitas.
Un día se nos ocurrió a los dos hacer una expedición por los tejados y acercarnos a la casa del crimen, que nos atraía por su misterio. Cuando volvimos a la azotea, una muchacha nos dijo que la madre de Román nos llamaba.
Bajamos del terrado y nos hicieron entrar en una sala grande y triste. Junto a un balcón estaban sentadas la madre y la hermana de mi amigo. La madre leía; la hija bordaba. No sé por qué, me dieron miedo.
La madre, con voz severa, nos sermoneó por la correría nuestra, y luego comenzó a hacerme un sinnúmero de preguntas acerca de mi familia y de mis estudios. Mientras hablaba la madre, la hija sonreía; pero de una manera tan rara, tan rara…
—Hay que estudiar —dijo, a modo de conclusión, la madre.
Salimos del cuarto, me marché a casa y toda la tarde y toda la noche no hice más que pensar en las dos mujeres.
Desde aquel día esquivé como pude el ir a casa de Román. Un día vi a su madre y a su hermana que salían de una iglesia, las dos enlutadas; y me miraron y sentí frío al verlas.
Cuando concluimos el curso va no veía a Román; estaba tranquilo; pero un día me avisaron de su casa, diciéndome que mi amigo estaba enfermo. Fui, y le encontré en la cama, llorando, y en voz baja me dijo que odiaba a su hermana. Sin embargo, la hermana, que se llamaba Ángeles, le cuidaba con esmero y le atendía con cariño; pero tenía una sonrisa tan rara…, tan rara.
Una vez, al agarrar de un brazo a Román, hizo una mueca de dolor.
—¿Qué tienes? —le pregunté.
Y me enseñó un cardenal inmenso, que rodeaba su brazo como un anillo.
Luego, en Voz baja, murmuró:
—Ha sido mi hermana.
—¡Ah! Ella…
—No sabes la fuerza que tiene; rompe un cristal con los dedos, y hay una cosa más extraña: que mueve un objeto cualquiera de un lado a otro sin tocarlo.
Días después me contó, temblando de terror que a las doce de la noche, hacía ya cerca de una semana que sonaba la campanilla de la escalera se abría la puerta y no se veía a nadie.
Román y yo hicimos un gran número de pruebas. Nos apostábamos junto a la puerta…, llamaban… abríamos…, nadie. Dejábamos la puerta entreabierta, para poder abrir en seguida…; llamaban…, nadie.
Por fin quitamos el llamador a la campanilla, y la campanilla sonó, sonó…, y los dos nos miramos estremecidos de terror.
—Es mi hermana, mi hermana —dijo Román.
Y, convencidos de esto, buscamos los dos amuletos por todas partes, y pusimos en su cuarto una herradura, un “pentagrama” y varias inscripciones triangulares con la palabra mágica: “Abracadabra.”
Inútil, todo inútil; las cosas saltaban de sus sitios, y en las paredes se dibujaban sombras sin contornos y sin rostro.
Román languidecía, y para distraerle, su madre le compró una hermosa máquina fotográfica. Todos los días íbamos a pasear juntos, llevábamos la máquina en nuestras expediciones.
Un día se le ocurrió a la madre que los retratara yo a los tres, en grupo, para mandar el retrato a sus parientes de Inglaterra. Román y yo colocamos un toldo de lona en la azotea, y bajo él se pusieron la madre y sus dos hijos. Enfoqué, y por si acaso me salía mal, impresioné dos placas. En seguida Román y yo fuimos a revelarlas. Habían salido bien; pero sobre la cabeza de la hermana de mi amigo se veía una mancha oscura.
Dejamos a secar las placas, y al día siguiente las pusimos en la prensa, al sol, para sacar las positivas.
Ángeles, la hermana de Román, vino con nosotros a la azotea. Al mirar la primera prueba, Román y yo nos contemplamos sin decirnos una palabra. Sobre la cabeza de Ángeles se veía una sombra blanca de mujer de facciones parecidas a las suyas. En la segunda prueba se veía la misma sombra, pero en distinta actitud: inclinándose sobre Ángeles, como hablándole al oído. Nuestro terror fue tan grande, que Román y yo nos quedamos mudos, paralizados. Ángeles miró las fotografías y sonrió, sonrió. Esto era lo grave.
Yo salí de la azotea y bajé las escaleras de la casa tropezando, cayéndome, y al llegar a la calle eché a correr, perseguido por el recuerdo de la sonrisa de Ángeles. Al entrar en casa, al pasar junto a un espejo, la vi en el fondo de la luna, sonriendo, sonriendo siempre.
¿Quién ha dicho que estoy loco? ¡Miente!, porque los locos no duermen, y yo duermo… ¡Ah! ¿Creíais que yo no sabía esto? Los locos no duermen, y yo duermo. Desde que nací, todavía no he despertado...
lunes, 29 de octubre de 2018
Francisco Canaro - MILONGA SENTIMENTAL
"Pirincho" al frente de su maravillosa orquesta, que supo interpretar diferentes géneros musicales, siempre con su inconfundible estilo, que hizo historia
https://youtu.be/TBaVYv4ekB0
https://youtu.be/TBaVYv4ekB0
Animal cansado - de Alfonsina Storni
Animal cansado
Quiero un amor feroz de garra y diente
Que me asalte a traición en pleno día,
Y que sofoque esta soberbia mía,
Este orgullo de ser todo pudiente.
Quiero un amor feroz de garra y diente
Que en carne viva inicie mi sangría,
A ver si acaba esta melancolía
Que me corrompe el alma lentamente.
Quiero un amor que sea una tormenta,
Que todo rompe y lo remueve todo,
Porque vigor profundo la alimenta.
Que pueda reanimarse allí mi lodo,
mi pobre lodo de animal cansado,
Por viejas sendas, de rodar, hastiado.
Quiero un amor feroz de garra y diente
Que me asalte a traición en pleno día,
Y que sofoque esta soberbia mía,
Este orgullo de ser todo pudiente.
Quiero un amor feroz de garra y diente
Que en carne viva inicie mi sangría,
A ver si acaba esta melancolía
Que me corrompe el alma lentamente.
Quiero un amor que sea una tormenta,
Que todo rompe y lo remueve todo,
Porque vigor profundo la alimenta.
Que pueda reanimarse allí mi lodo,
mi pobre lodo de animal cansado,
Por viejas sendas, de rodar, hastiado.
¿Quién es Donna Strickland, la primera mujer en ganar el Nobel de Física en 55 años?
Sonriente, aunque todavía asombrada por el galardón, Donna Strickland, la científica canadiense que este año se convirtió en la tercera mujer en la historia en recibir el Nobel de Física (después de Marie Curie, en1903, y Maria Goeppert-Mayer, en 1963, entre 201 premiados), agrega también otra rareza a este galardón. No hay, que se recuerde, otro investigador que lo haya recibido por el primer trabajo que hizo.
De hecho, Strickland desarrolló la técnica que hizo posibles los lásers de pulsos ultracortos mientras hacía su doctorado bajo la dirección de Gérard Mourou, con quien comparte la mitad del premio.
Nacida en Guelph, Ontario, en 1959, se graduó en Física en la Universidad Mc Master y se doctoró en la de Rochester. Su tesis doctoral, en óptica, llevaba el título de "Desarrollo de un láser ultrabrillante y una aplicación a la ionización multifotónica". Desde 1997, trabaja en la Universidad de Waterloo, donde es profesora asociada en el Departamento de Física y Astronomía, y continúa sus estudios en el campo de la aplicación del láser. También fue presidenta de la Sociedad Óptica Estadounidense, presente en un centenar de países..
"Me divertía y trabajaba mucho -confesó, cuando le preguntaron desde la Academia de Ciencias de Suecia sobre aquel trabajo pionero. Y agregó-: No soy de esas mujeres que piense que le están dando este premio por su género, pero necesitamos celebrar a las físicas... Me siento honrada de ser una de ellas".
De hecho, Strickland desarrolló la técnica que hizo posibles los lásers de pulsos ultracortos mientras hacía su doctorado bajo la dirección de Gérard Mourou, con quien comparte la mitad del premio.
Nacida en Guelph, Ontario, en 1959, se graduó en Física en la Universidad Mc Master y se doctoró en la de Rochester. Su tesis doctoral, en óptica, llevaba el título de "Desarrollo de un láser ultrabrillante y una aplicación a la ionización multifotónica". Desde 1997, trabaja en la Universidad de Waterloo, donde es profesora asociada en el Departamento de Física y Astronomía, y continúa sus estudios en el campo de la aplicación del láser. También fue presidenta de la Sociedad Óptica Estadounidense, presente en un centenar de países..
"Me divertía y trabajaba mucho -confesó, cuando le preguntaron desde la Academia de Ciencias de Suecia sobre aquel trabajo pionero. Y agregó-: No soy de esas mujeres que piense que le están dando este premio por su género, pero necesitamos celebrar a las físicas... Me siento honrada de ser una de ellas".
Alimentos que puedes comer en ayunas y aquellos que no debes...
Yogur, café y jugo de naranja recién exprimido, así es como la mayoría de nosotros nos imaginamos un desayuno perfecto. Infortunadamente, pocos saben que existen alimentos que no se recomienda consumir en ayunas.
Al pensar en el desayuno, nos viene a la mente la imagen de un plato con fruta, pan tostado, jugo, café, huevos o hot cakes.
A pesar de que son algunos de los platillos más consumidos, no todos son recomendables para consumir al comenzar el día, ya que algunos contienen sustancias que no ayudan para que tu cuerpo absorba los nutrientes que necesita.
No te asustes; hay toda una lista de alimentos que puedes consumir para tener energía y que ayudan a tu organismo protegiéndolo contra enfermedades.
Veamos qué sí y qué no puedes comer al levantarte.
Los 10 que no
1. Panes elaborados con levadura
La levadura irrita las paredes del estómago y provoca gases.
2. Dulces
El azúcar aumenta la insulina y no permite que el páncreas funcione regularmente, además que puede provocar diabetes.
3. Yogur y lácteos agrios
Las bacterias lácteas de estos productos son atacadas por el ácido clorhídrico del estómago, haciendo que su consumo sea inútil.
4. Peras
La fibra de esta fruta irrita la mucosa gástrica.
5. Tomates
El ácido tánico del tomate aumenta la acidez del estómago y puede provocar úlceras gástricas.
6. Pepinos y vegetales verdes
Las verduras crudas provocan agruras, gases y malestares estomacales.
7. Plátanos
El organismo absorbe muy rápido el magnesio de éstos por lo que el corazón puede verse afectado.
8. Especias
Irritan la mucosa gástrica y aumentan la producción de jugo gástrico, lo cual puede causar enfermedades en el tracto digestivo.
9. Bebidas frías y refrescos
Dañan la mucosa gástrica, empeoran la circulación sanguínea y la digestión se complica.
10. Cítricos
Los ácidos frutales provocan agruras, gastritis y úlceras.
Los 10 que sí
1. Avena
Cubre la mucosa gástrica y su fibra ayuda a reducir el nivel de colesterol.
2. Alforfón o trigo sarraceno
Ideal para los alérgicos al gluten, estimula el trabajo del tracto digestivo y es fuente de proteínas, hierro y vitaminas.
3. Papilla de maíz
Elimina las toxinas, normaliza la flora intestinal y te da la sensación de saciedad por buen tiempo.
4. Trigo germinado
Contiene vitamina E y ácido fólico, y ayuda al funcionamiento del intestino.
5. Huevo
Consumir huevo te ayuda a reducir la necesidad de tu cuerpo de consumir más calorías de las necesarias a lo largo del día.
6. Sandía
Le aporta líquido al organismo, ayuda a tener buena vista y un corazón saludable.
7. Arándanos azules
Mejoran la memoria, la presión sanguínea y en general, el funcionamiento del metabolismo.
8. Pan integral sin levadura
Aporta carbohidratos y otros elementos saludables para que el cuerpo obtenga energía.
9. Frutos secos (nueces, almendras, cacahuates)
Mejoran el funcionamiento del tracto digestivo y normalizan la acidez del jugo gástrico.
10. Miel de abeja
Ayuda a despertar el organismo y lo llena de energía; mejora el funcionamiento del cerebro y aumenta la serotonina (la hormona de la alegría).
Fuente: Genial Gurú / Ok Chicas
https://www.elclubdeloslibrosperdidos.org/2018/10/20-alimentos-que-puedes-comer-en-ayunas.html
Al pensar en el desayuno, nos viene a la mente la imagen de un plato con fruta, pan tostado, jugo, café, huevos o hot cakes.
A pesar de que son algunos de los platillos más consumidos, no todos son recomendables para consumir al comenzar el día, ya que algunos contienen sustancias que no ayudan para que tu cuerpo absorba los nutrientes que necesita.
No te asustes; hay toda una lista de alimentos que puedes consumir para tener energía y que ayudan a tu organismo protegiéndolo contra enfermedades.
Veamos qué sí y qué no puedes comer al levantarte.
Los 10 que no
1. Panes elaborados con levadura
La levadura irrita las paredes del estómago y provoca gases.
2. Dulces
El azúcar aumenta la insulina y no permite que el páncreas funcione regularmente, además que puede provocar diabetes.
3. Yogur y lácteos agrios
Las bacterias lácteas de estos productos son atacadas por el ácido clorhídrico del estómago, haciendo que su consumo sea inútil.
4. Peras
La fibra de esta fruta irrita la mucosa gástrica.
5. Tomates
El ácido tánico del tomate aumenta la acidez del estómago y puede provocar úlceras gástricas.
6. Pepinos y vegetales verdes
Las verduras crudas provocan agruras, gases y malestares estomacales.
7. Plátanos
El organismo absorbe muy rápido el magnesio de éstos por lo que el corazón puede verse afectado.
8. Especias
Irritan la mucosa gástrica y aumentan la producción de jugo gástrico, lo cual puede causar enfermedades en el tracto digestivo.
9. Bebidas frías y refrescos
Dañan la mucosa gástrica, empeoran la circulación sanguínea y la digestión se complica.
10. Cítricos
Los ácidos frutales provocan agruras, gastritis y úlceras.
Los 10 que sí
1. Avena
Cubre la mucosa gástrica y su fibra ayuda a reducir el nivel de colesterol.
2. Alforfón o trigo sarraceno
Ideal para los alérgicos al gluten, estimula el trabajo del tracto digestivo y es fuente de proteínas, hierro y vitaminas.
3. Papilla de maíz
Elimina las toxinas, normaliza la flora intestinal y te da la sensación de saciedad por buen tiempo.
4. Trigo germinado
Contiene vitamina E y ácido fólico, y ayuda al funcionamiento del intestino.
5. Huevo
Consumir huevo te ayuda a reducir la necesidad de tu cuerpo de consumir más calorías de las necesarias a lo largo del día.
6. Sandía
Le aporta líquido al organismo, ayuda a tener buena vista y un corazón saludable.
7. Arándanos azules
Mejoran la memoria, la presión sanguínea y en general, el funcionamiento del metabolismo.
8. Pan integral sin levadura
Aporta carbohidratos y otros elementos saludables para que el cuerpo obtenga energía.
9. Frutos secos (nueces, almendras, cacahuates)
Mejoran el funcionamiento del tracto digestivo y normalizan la acidez del jugo gástrico.
10. Miel de abeja
Ayuda a despertar el organismo y lo llena de energía; mejora el funcionamiento del cerebro y aumenta la serotonina (la hormona de la alegría).
Fuente: Genial Gurú / Ok Chicas
https://www.elclubdeloslibrosperdidos.org/2018/10/20-alimentos-que-puedes-comer-en-ayunas.html
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El consultorio virtual del Doctor Fugazzetta
domingo, 28 de octubre de 2018
La tenebrosa historia del edificio de lujo que encierra una oscura maldición
Se dice que mucho antes de que los Estados Unidos declararan su independencia, en un terreno al norte de lo que años después sería Manhattan, practicaba sus rituales un grupo de adoradores del diablo. En ese punto exacto, el 27 de octubre de 1884 se terminó de construir uno de los edificios más reconocidos del mundo: el Dakota, un inmueble sobre el que, pese a su lujo y exclusividad, pende un halo de terror y sangre.
Erigida en el número 1 de la calle 72, justo frente al Central Park West, esta majestuosa propiedad que tardó cuatro años en concluirse fue obra de Herny Janeway Hardernbergh, quien trabajó sobre un diseño de Edward Clark. Si bien la obra de este arquitecto se puede inscribir dentro del eclecticismo, lleva el sello de la arquitectura centroeuropea; en particular el Dakota, es de estilo marcadamente renacentista de inspiración alemana.
El hombre elegido para construirlo no era uno cualquiera: Hardenbergh, de familia y formación holandesa y alemana, venía precedido por buen prestigio por haber construido el Geology Hall, la Capilla de Kirkpatrick, en New Jersey; el Windsor Hotel, en Montreal, y el "Vancorlear", primer hotel con departamentos en Nueva York. No serán menores los encargos después del Dakota, ya que hará nada menos que los hoteles Waldorf y Astoria (en cuyos emplazamientos se construiría mas tarde el Empire State), el Williard, el Martinique, entre muchos otros.
Según explica Jorge Néstor Bozzano, arquitecto y profesor de Arquitectura en la Universidad de Belgrano, a la calidad constructiva se suma su carácter sobrio y elegante. "Los muros externos están recubiertos de ladrillos claros, mientras que los portales, recuadros de ventanas, cornisas, esquinas, balcones, bow windows, son de piedra. Se complementa con paneles ornamentales de terracota, como la que lleva la cabeza del indio dakota rodeado por el año en que comienza la construcción", destaca el especialista.
Clark, dueño del emporio Singer, encargó el edificio con el objetivo de habitar en él, acompañado por un selecto vecindario, pero no lo pudo disfrutar ya que murió dos años antes de que la construcción finalizara. "En 1881, momento en que comienza oficialmente su construcción, no eran comunes los edificios de departamentos con la envergadura que proponía éste. En la ciudad solo le antecedía uno construido en la década anterior", relata Bozzano.
El por qué del nombre
Su nombre ya causó cierta curiosidad en su momento. ¿Por qué Dakota? La versión más fuerte es la que cuenta que fue bautizado de esa manera porque en aquel entonces esa zona de la ciudad tenía tan poca población y estaba tan alejada del resto de las edificaciones, que tenía bastante semejanza con el antiguo Territorio de Dakota, ubicado a casi 2800 kilómetros de allí. "Al estar alejado del centro, aseguraba tranquilidad, seguridad y vistas inmejorables. Con sus 9 pisos fue por largo tiempo el único edificio cuya silueta se recortaba inmensa en el lado oeste del parque", destaca Bozzano.
Originalmente, el Dakota tenía 65 departamentos de 4 a 20 habitaciones, ninguno igual a otro, a los que se accedía por escaleras y ascensores situados en las esquinas del edificio. Algunas salas de estar tienen 15 metros de largo, la mayoría de los techos tienen 4,3 metros de altura y los suelos están entarimados con roble, cerezo y caoba. "En su origen ocupaba una manzana, en donde se emplazaban también los establos, y mas tarde garaje, jardines y área deportiva. Hoy subsiste solo una parte, y ésta sigue manteniendo el prestigio de antes", comenta Bozzano.
Por si todo eso fuera poco, el edificio tiene además una planta de energía independiente con la que se garantiza a los residentes que no se quedarán sin electricidad durante algún apagón que pueda suceder en Nueva York (y que en alguna época eran moneda corriente). Además, como agrega Bozzano, tenía los mismos servicios que un hotel, contaba con áreas de recreación y gimnasio en la parte superior, así como lavandería general y cuartos para la enorme cantidad de personal; una cocina servía al comedor privado exclusivo para residentes o al servicio de entrega a los departamentos.
Desde que abrió sus puertas, ha sido un sitio elegido por personajes reconocidos. La familia Steinway, fabricantes de la famosa marca de piano, fue una de las primeras residentes. Se dice que el músico ruso Peter Tchaikovsky vivió también ahí, al igual que la actriz Lauren Bacall (que fue dueña de un departamento de nueve habitaciones). Otros de sus notables huéspedes (actuales y pasados) se destacan John Lennon , Yoko Ono , Judy Garland, Bono , Sting , Rex Reed y Rudolf Nureyev. "Además, también fue residencia de políticos y empresarios de primera línea", acota Bozzano.
Para ilustrar la fiebre que despertó el Dakota en su momento, basta decir que durante sus primeros 45 años de "vida" no hubo vacantes de departamentos. En efecto, hasta 1929 todas las viviendas, con cuatro baños, salones y criados, permanecieron ocupadas.
Otra "perlita" de este símbolo neoyorkino es que no cualquiera puede ser propietario ahí. Los interesados deben atravesar un proceso de selección muy riguroso, que incluye la presentación de documentos fiscales que se remonten a años y el pago de una inicial bastante generosa más los impuestos. No hay preferencias a la hora en que una junta especial debe determinar una admisión. Bien lo sabe Madonna , que en su momento de mayor apogeo recibió "bolilla negra".
Algo no salió bien: El edificio de lujo que terminó maldito
Es uno de los edificios residenciales con mayor prestigio en Nueva York y uno de los más reconocibles del mundo. Sus pisos se suelen vender a precios que llegan a 30 millones de dólares. Por sus pasillos y puertas han pasado millonarios, artistas y los más excéntricos personajes. Además, fue añadido al Registro Nacional de Lugares Históricos en 1972 y declarado Lugar Nacional de Interés Histórico en 1976. A punto de cumplir 134 años, se puede decir que es lo que "todo edificio quiere ser". Pero… siempre hay un "pincelazo" que arruina el cuadro.
El Dakota está maldito. Se dice que antes de su construcción, en épocas en que los Estados Unidos era colonia británica, se reunían en ese terreno adoradores del diablo. Su negra historia se reforzó aún más a principios del siglo XX, cuando llegó a vivir ahí Aleister Crowley, un famoso ocultista que hizo allí rituales de magia negra, que, según se afirma, engendraron las fuerzas maléficas que perduran hasta la actualidad.
Años más tarde viviría en el edificio Dakota el actor de cine de terror Boris Karloff, quien se haría famoso por su memorable interpretación de la criatura en la película "Frankenstein". Karloff habría participado en varias veladas de espiritismo en su departamento y se dice que después de su muerte varios vecinos reportaron haber visto su fantasma deambulando por el edificio.
Posteriormente, hubo otro ocupante que acrecentó la oscura fama del lugar: fue el inglés Gerald Brossau Gardner, escritor ocultista y brujo practicante, quien se alojó en el edificio cuando estuvo de visita en Nueva York. Él también habría celebrado allí un ritual para invocar a diversas potencias oscuras y malévolas.
La maldición no tardó mucho en traducirse en sangre. El famoso director de cine Roman Polansky eligió el Dakota para filmar allí un clásico del terror: "El bebé de Rosemary". Ocurrieron muchos hechos extraños que diezmaron al equipo durante el rodaje. Además, allí se produjo el desequilibrio nervioso de la actriz protagonista, Mia Farrow, y la ruptura de esta con Frank Sinatra.
Pero lo peor llegó el 8 de agosto de 1969, cuando una secta encabezada por Charles Manson ingresó a una mansión de la calle Cielo Drive, en Hollywood, y asesinó a cinco personas, entre las que estaba Sharon Tate, la esposa de Polansky, embarazada de ocho meses y medio.
No solo una, sino varias sectas satánicas habían amenazado a Polansky y le habían dicho que correría sangre si no dejaba de filmar en el Dakota, un edificio que consideraban como un ícono del satanismo. Por desgracia, una de ellas cumplió.
Pero faltaba aún el hecho más resonante de su negra historia. Fue un acontecimiento que conmovió al mundo entero: el 8 de diciembre de 1980, un músico que vivía allí volvía cansado después de un día completo de grabación y estaba a punto de entrar al edificio cuando un tal Mark David Chapman le disparó cinco tiros a quemarropa con un revólver 38.
La víctima, que murió en el acto, no era otro que John Lennon, uno de los más grandes genios musicales del siglo XX, que, como se dijo, vivía allí con su mujer, Yoko Ono. La leyenda negra del Dakota, una de las prestigiosas joyas que decoran la Gran Manzana, tenía así una víctima más de la cual alimentarse.
Fuente: Carlos Manzoni. Para LA NACION
Erigida en el número 1 de la calle 72, justo frente al Central Park West, esta majestuosa propiedad que tardó cuatro años en concluirse fue obra de Herny Janeway Hardernbergh, quien trabajó sobre un diseño de Edward Clark. Si bien la obra de este arquitecto se puede inscribir dentro del eclecticismo, lleva el sello de la arquitectura centroeuropea; en particular el Dakota, es de estilo marcadamente renacentista de inspiración alemana.
El hombre elegido para construirlo no era uno cualquiera: Hardenbergh, de familia y formación holandesa y alemana, venía precedido por buen prestigio por haber construido el Geology Hall, la Capilla de Kirkpatrick, en New Jersey; el Windsor Hotel, en Montreal, y el "Vancorlear", primer hotel con departamentos en Nueva York. No serán menores los encargos después del Dakota, ya que hará nada menos que los hoteles Waldorf y Astoria (en cuyos emplazamientos se construiría mas tarde el Empire State), el Williard, el Martinique, entre muchos otros.
Según explica Jorge Néstor Bozzano, arquitecto y profesor de Arquitectura en la Universidad de Belgrano, a la calidad constructiva se suma su carácter sobrio y elegante. "Los muros externos están recubiertos de ladrillos claros, mientras que los portales, recuadros de ventanas, cornisas, esquinas, balcones, bow windows, son de piedra. Se complementa con paneles ornamentales de terracota, como la que lleva la cabeza del indio dakota rodeado por el año en que comienza la construcción", destaca el especialista.
Clark, dueño del emporio Singer, encargó el edificio con el objetivo de habitar en él, acompañado por un selecto vecindario, pero no lo pudo disfrutar ya que murió dos años antes de que la construcción finalizara. "En 1881, momento en que comienza oficialmente su construcción, no eran comunes los edificios de departamentos con la envergadura que proponía éste. En la ciudad solo le antecedía uno construido en la década anterior", relata Bozzano.
El por qué del nombre
Su nombre ya causó cierta curiosidad en su momento. ¿Por qué Dakota? La versión más fuerte es la que cuenta que fue bautizado de esa manera porque en aquel entonces esa zona de la ciudad tenía tan poca población y estaba tan alejada del resto de las edificaciones, que tenía bastante semejanza con el antiguo Territorio de Dakota, ubicado a casi 2800 kilómetros de allí. "Al estar alejado del centro, aseguraba tranquilidad, seguridad y vistas inmejorables. Con sus 9 pisos fue por largo tiempo el único edificio cuya silueta se recortaba inmensa en el lado oeste del parque", destaca Bozzano.
Originalmente, el Dakota tenía 65 departamentos de 4 a 20 habitaciones, ninguno igual a otro, a los que se accedía por escaleras y ascensores situados en las esquinas del edificio. Algunas salas de estar tienen 15 metros de largo, la mayoría de los techos tienen 4,3 metros de altura y los suelos están entarimados con roble, cerezo y caoba. "En su origen ocupaba una manzana, en donde se emplazaban también los establos, y mas tarde garaje, jardines y área deportiva. Hoy subsiste solo una parte, y ésta sigue manteniendo el prestigio de antes", comenta Bozzano.
Por si todo eso fuera poco, el edificio tiene además una planta de energía independiente con la que se garantiza a los residentes que no se quedarán sin electricidad durante algún apagón que pueda suceder en Nueva York (y que en alguna época eran moneda corriente). Además, como agrega Bozzano, tenía los mismos servicios que un hotel, contaba con áreas de recreación y gimnasio en la parte superior, así como lavandería general y cuartos para la enorme cantidad de personal; una cocina servía al comedor privado exclusivo para residentes o al servicio de entrega a los departamentos.
Desde que abrió sus puertas, ha sido un sitio elegido por personajes reconocidos. La familia Steinway, fabricantes de la famosa marca de piano, fue una de las primeras residentes. Se dice que el músico ruso Peter Tchaikovsky vivió también ahí, al igual que la actriz Lauren Bacall (que fue dueña de un departamento de nueve habitaciones). Otros de sus notables huéspedes (actuales y pasados) se destacan John Lennon , Yoko Ono , Judy Garland, Bono , Sting , Rex Reed y Rudolf Nureyev. "Además, también fue residencia de políticos y empresarios de primera línea", acota Bozzano.
Para ilustrar la fiebre que despertó el Dakota en su momento, basta decir que durante sus primeros 45 años de "vida" no hubo vacantes de departamentos. En efecto, hasta 1929 todas las viviendas, con cuatro baños, salones y criados, permanecieron ocupadas.
Otra "perlita" de este símbolo neoyorkino es que no cualquiera puede ser propietario ahí. Los interesados deben atravesar un proceso de selección muy riguroso, que incluye la presentación de documentos fiscales que se remonten a años y el pago de una inicial bastante generosa más los impuestos. No hay preferencias a la hora en que una junta especial debe determinar una admisión. Bien lo sabe Madonna , que en su momento de mayor apogeo recibió "bolilla negra".
Algo no salió bien: El edificio de lujo que terminó maldito
Es uno de los edificios residenciales con mayor prestigio en Nueva York y uno de los más reconocibles del mundo. Sus pisos se suelen vender a precios que llegan a 30 millones de dólares. Por sus pasillos y puertas han pasado millonarios, artistas y los más excéntricos personajes. Además, fue añadido al Registro Nacional de Lugares Históricos en 1972 y declarado Lugar Nacional de Interés Histórico en 1976. A punto de cumplir 134 años, se puede decir que es lo que "todo edificio quiere ser". Pero… siempre hay un "pincelazo" que arruina el cuadro.
El Dakota está maldito. Se dice que antes de su construcción, en épocas en que los Estados Unidos era colonia británica, se reunían en ese terreno adoradores del diablo. Su negra historia se reforzó aún más a principios del siglo XX, cuando llegó a vivir ahí Aleister Crowley, un famoso ocultista que hizo allí rituales de magia negra, que, según se afirma, engendraron las fuerzas maléficas que perduran hasta la actualidad.
Años más tarde viviría en el edificio Dakota el actor de cine de terror Boris Karloff, quien se haría famoso por su memorable interpretación de la criatura en la película "Frankenstein". Karloff habría participado en varias veladas de espiritismo en su departamento y se dice que después de su muerte varios vecinos reportaron haber visto su fantasma deambulando por el edificio.
Posteriormente, hubo otro ocupante que acrecentó la oscura fama del lugar: fue el inglés Gerald Brossau Gardner, escritor ocultista y brujo practicante, quien se alojó en el edificio cuando estuvo de visita en Nueva York. Él también habría celebrado allí un ritual para invocar a diversas potencias oscuras y malévolas.
La maldición no tardó mucho en traducirse en sangre. El famoso director de cine Roman Polansky eligió el Dakota para filmar allí un clásico del terror: "El bebé de Rosemary". Ocurrieron muchos hechos extraños que diezmaron al equipo durante el rodaje. Además, allí se produjo el desequilibrio nervioso de la actriz protagonista, Mia Farrow, y la ruptura de esta con Frank Sinatra.
Pero lo peor llegó el 8 de agosto de 1969, cuando una secta encabezada por Charles Manson ingresó a una mansión de la calle Cielo Drive, en Hollywood, y asesinó a cinco personas, entre las que estaba Sharon Tate, la esposa de Polansky, embarazada de ocho meses y medio.
No solo una, sino varias sectas satánicas habían amenazado a Polansky y le habían dicho que correría sangre si no dejaba de filmar en el Dakota, un edificio que consideraban como un ícono del satanismo. Por desgracia, una de ellas cumplió.
Pero faltaba aún el hecho más resonante de su negra historia. Fue un acontecimiento que conmovió al mundo entero: el 8 de diciembre de 1980, un músico que vivía allí volvía cansado después de un día completo de grabación y estaba a punto de entrar al edificio cuando un tal Mark David Chapman le disparó cinco tiros a quemarropa con un revólver 38.
La víctima, que murió en el acto, no era otro que John Lennon, uno de los más grandes genios musicales del siglo XX, que, como se dijo, vivía allí con su mujer, Yoko Ono. La leyenda negra del Dakota, una de las prestigiosas joyas que decoran la Gran Manzana, tenía así una víctima más de la cual alimentarse.
Fuente: Carlos Manzoni. Para LA NACION
Los grandes duetos de Tony Bennett
Tony Bennett (with Willie Nelson) On The Sunny Side Of The Street
https://youtu.be/j2uyCprbsO0
https://youtu.be/j2uyCprbsO0
viernes, 19 de octubre de 2018
Día Internacional del Gin Tonic: el clásico de la coctelería que vive un boom mundial
En la Argentina resurgió gracias a la producción nacional de diferentes ginebras. Variedades para preparar uno de los favoritos de las barras.
Por Virginia Robetto
El 19 de octubre es una efeméride especial para los amantes del buen beber. En esta fecha,se celebra el Día Internacional del Gin Tonic, uno de los tragos más clásicos del mundo de la coctelería y uno de los más reversionados con el paso del tiempo. A prueba de cualquier paladar, este mix de ginebra y agua tónica se convirtió en el favorito de la carta, en donde los bartenders se animan a reinventarlo con todo tipo de condimentos extra de su fórmula original.
En la Argentina, el boom del Gin Tonic no pasó de largo y en los bares porteños es uno de los más demandados por el público. Pero, ¿qué es lo que lo diferencia del resto de los cocktails?
Para Matías Merlo, bartender de Tiki Bar y Salitre en Mar del Plata, siempre van a existir las bebidas de moda. En diálogo con TN.com.ar, resaltó que este trago en particular es un clásico que resurgió de la mano del gin, un destilado que se popularizó en los últimos años en el país gracias a la producción nacional. "Eso le dio un gran matiz al producto en sí", sostuvo en referencia a la gran variedad que se encuentra hoy en el mercado local.
Uno de los expertos en esta área es Tato Giovannoni, dueño de Florería Atlántico, el bar argentino que se consagró en el puesto 14º del 50 Best World Bars.
Su experiencia con el gin es en primera persona: en 2014 lanzó su propia marca artesanal a base de yerba mate, Príncipe de los Apóstoles, el primero de línea premium en Latinoamérica.
"Hoy en la Argentina el crecimiento del gin es inmenso y todavía no tiene techo. A diferencia de los '80, cuando solo entraban al país tres marcas, ahora hay más variedad que te permite no estar sujeto a una sola receta", sostuvo el bartender a este medio.
Inspirado en el tereré y en el concepto de tomar algo fresco, su producto logró insertarse no solo en las barras porteñas, sino de la región.
Esta expansión del gin también la trasladó al Interior, donde abrió las primeras "gintonerias" del país. Una en Rosario y otra en Córdoba.
Con el concepto de un "fast drink", para tomar de paso y picar algo, estos bares con estética de los años 50 "son los Starbucks del Gin Tonic", ejemplificó Giovannoni. En el menú hay ocho opciones, que también incluyen dos Negronis y un Dry Martini.
Esta tendencia de los argentinos de preferir el Gin Tonic en algunos bares llegó al punto de superar la demanda de cerveza. Adrián Gonzalez, bartender de La Calle, le explicó a este sitio que la versatilidad del trago permite adaptarse a cualquier tipo de paladar: se puede armar más dulce, cítrico, o amargo. Siempre jugando con el tipo de gin y algo que potencie su sabor.
Pero no hace falta ir hasta una barra para ver el grado de popularidad de este cocktail. Desde la comodidad del hogar y con un poco de creatividad, hay una decena de opciones para armarlo en una versión casera y agasajar a un grupo de amigos, pareja o a uno mismo.
En casa o en el bar, será siempre uno de los clásicos que nunca falla.
Alternativas del Gin Tonic para tener en cuenta
Dentro de la gran variedad de versiones del Gin Tonic, seleccionamos dos opciones para probar algo distinto a lo clásico.
La primera opción, un elegido de Tato Giovanonni, es el "Tereré Tonic":
a la copa hay que agregarle una cucharadita de yerba mate soluble, dos partes de gin, mucho hielo y se completa con agua tónica. Para decorar, piel de pomelo rosado.
La segunda opción, la elegida por Matías Merlo, es el "Matcha Tonic":
se le agrega a la copa media cuchara de té matcha en polvo, agua tónica, licor de sauco y gin.
El Matcha Tonic propone una variante del cocktail clásico con media cucharada de té matcha.
Fuente: TN.com.ar
Por Virginia Robetto
El 19 de octubre es una efeméride especial para los amantes del buen beber. En esta fecha,se celebra el Día Internacional del Gin Tonic, uno de los tragos más clásicos del mundo de la coctelería y uno de los más reversionados con el paso del tiempo. A prueba de cualquier paladar, este mix de ginebra y agua tónica se convirtió en el favorito de la carta, en donde los bartenders se animan a reinventarlo con todo tipo de condimentos extra de su fórmula original.
En la Argentina, el boom del Gin Tonic no pasó de largo y en los bares porteños es uno de los más demandados por el público. Pero, ¿qué es lo que lo diferencia del resto de los cocktails?
Para Matías Merlo, bartender de Tiki Bar y Salitre en Mar del Plata, siempre van a existir las bebidas de moda. En diálogo con TN.com.ar, resaltó que este trago en particular es un clásico que resurgió de la mano del gin, un destilado que se popularizó en los últimos años en el país gracias a la producción nacional. "Eso le dio un gran matiz al producto en sí", sostuvo en referencia a la gran variedad que se encuentra hoy en el mercado local.
Uno de los expertos en esta área es Tato Giovannoni, dueño de Florería Atlántico, el bar argentino que se consagró en el puesto 14º del 50 Best World Bars.
Su experiencia con el gin es en primera persona: en 2014 lanzó su propia marca artesanal a base de yerba mate, Príncipe de los Apóstoles, el primero de línea premium en Latinoamérica.
"Hoy en la Argentina el crecimiento del gin es inmenso y todavía no tiene techo. A diferencia de los '80, cuando solo entraban al país tres marcas, ahora hay más variedad que te permite no estar sujeto a una sola receta", sostuvo el bartender a este medio.
Inspirado en el tereré y en el concepto de tomar algo fresco, su producto logró insertarse no solo en las barras porteñas, sino de la región.
Esta expansión del gin también la trasladó al Interior, donde abrió las primeras "gintonerias" del país. Una en Rosario y otra en Córdoba.
Con el concepto de un "fast drink", para tomar de paso y picar algo, estos bares con estética de los años 50 "son los Starbucks del Gin Tonic", ejemplificó Giovannoni. En el menú hay ocho opciones, que también incluyen dos Negronis y un Dry Martini.
Esta tendencia de los argentinos de preferir el Gin Tonic en algunos bares llegó al punto de superar la demanda de cerveza. Adrián Gonzalez, bartender de La Calle, le explicó a este sitio que la versatilidad del trago permite adaptarse a cualquier tipo de paladar: se puede armar más dulce, cítrico, o amargo. Siempre jugando con el tipo de gin y algo que potencie su sabor.
Pero no hace falta ir hasta una barra para ver el grado de popularidad de este cocktail. Desde la comodidad del hogar y con un poco de creatividad, hay una decena de opciones para armarlo en una versión casera y agasajar a un grupo de amigos, pareja o a uno mismo.
En casa o en el bar, será siempre uno de los clásicos que nunca falla.
Alternativas del Gin Tonic para tener en cuenta
Dentro de la gran variedad de versiones del Gin Tonic, seleccionamos dos opciones para probar algo distinto a lo clásico.
La primera opción, un elegido de Tato Giovanonni, es el "Tereré Tonic":
a la copa hay que agregarle una cucharadita de yerba mate soluble, dos partes de gin, mucho hielo y se completa con agua tónica. Para decorar, piel de pomelo rosado.
La segunda opción, la elegida por Matías Merlo, es el "Matcha Tonic":
se le agrega a la copa media cuchara de té matcha en polvo, agua tónica, licor de sauco y gin.
El Matcha Tonic propone una variante del cocktail clásico con media cucharada de té matcha.
Fuente: TN.com.ar
lunes, 15 de octubre de 2018
Hoy, 15 de octubre, es el Día Internacional del Bastón Blanco
En todo el mundo, las personas ciegas o con discapacidad visual utilizan el bastón blanco largo como una herramienta para desplazarse de manera segura y con confianza.
El bastón blanco es el símbolo de las habilidades y talentos, movilidad e independencia de quien lo utiliza. También permite que las personas con buena vista reconozcan a quienes tienen una discapacidad visual.
El bastón blanco en un principio se ideó y se puso en uso como una medida de seguridad, especialmente en lugares con tránsito. Una capacitación adecuada con un especialista en orientación y movilidad puede ayudar a que el bastón blanco se utilice con éxito, de manera segura y con la técnica apropiada.
“En el mundo entero se conmemora el Día del Bastón Blanco a fin de que se conceda importancia al esfuerzo por lograr que las personas ciegas pasen de la dependencia a la completa inclusión en la sociedad”.
Actualmente y a nivel internacional, existe el bastón blanco, utilizado por personas ciegas sin ningún resto de visión; también se encuentra el bastón verde, que es usado por personas con baja visión y, el bastón rojo y blanco, utilizado por personas con sordoceguera, es decir, personas que no ven ni oyen.
QUE ES LA SORDOCEGUERA
La sordoceguera es una discapacidad que implica la pérdida de la visión y audición, suficientemente severas como para afectar la comunicación, la movilidad y el acceso a la información y el entorno.
Para contrarrestar este efecto hace falta la intervención de un profesional específico; es decir, un acompañante terapéutico con una formación específica en sordoceguera y sus formas de comunicación, quien debe trabajar en forma colaborativa con la familia de la persona y un equipo multidisciplinario formado por docentes, psicólogos, trabajadores sociales, fonoaudiólogos.
Asimismo, es de gran importancia identificar un diagnóstico temprano, para que pueda ser acompañado por un programa educativo adecuado.
COMO ACTUAR ANTE UNA PERSONA CON SORDOCEGUERA
Es necesario saber cómo se debe actuar frente a una persona con sordoceguera y qué se debe tener en cuenta a la hora de interactuar con ellas:
En un primer momento se le debe dar a conocer la presencia de otra persona, tocándola suavemente en el hombro o en el brazo y si está concentrada en la realización de alguna tarea, se debe esperar hasta que pueda atenderla para no causarle susto o sorpresa, es necesario anticipar todo y decirle el nombre.
Además, se le debe hablar despacio, mirarla a la cara, aunque no pueda responder, y sobre todo tener paciencia al conocerla, porque debido a las dificultades en la comunicación esto puede ser algo lento ya que a veces puede estar aprendiendo a hacerlo.
En caso de que utilice audífonos se debe dirigir de manera clara y directa, vocalizando bien, evitando los lugares ruidosos para desarrollar una conversación (es probable que escuche más de un oído que de otro, en este caso es necesario ubicarse del lado que escucha).
También, si conserva resto visual, es necesario ubicarse donde se pueda ver, un lugar bien iluminado hará más eficaz la comunicación, quizás pueda entender a través de la labiolectura o la lengua de señas.
Si la persona sabe leer es importante escribir en un papel blanco con letras grandes, frases sencillas y en tinta negra para que el contraste sea mayor y si no lee ni sabe lengua de señas se le deben mostrar los objetos.
Al caminar, la forma correcta de guiarla es dejar que tome el brazo por el codo o el hombro de la persona que lo acompaña, pero nunca llevarla delante. Es necesario trasmitirle lo que sucede alrededor, permitirle tocar, indicarle las escaleras, cordones y pozos en el suelo.
Finalmente, el acompañante debe despedirse cuando se tiene que retirar, ya que las personas con estos tipos de discapacidad, no tienen otra forma de saber de la presencia o ausencia, y si la ausencia es por un momento, es preciso avisarle y dejarlo en un lugar cómodo y seguro.
Fuentes consultadas:
Web de Lions Clubs International
diariolaopinion.com.ar/ (Rafaela, Prov. de Santa Fe)
El bastón blanco es el símbolo de las habilidades y talentos, movilidad e independencia de quien lo utiliza. También permite que las personas con buena vista reconozcan a quienes tienen una discapacidad visual.
El bastón blanco en un principio se ideó y se puso en uso como una medida de seguridad, especialmente en lugares con tránsito. Una capacitación adecuada con un especialista en orientación y movilidad puede ayudar a que el bastón blanco se utilice con éxito, de manera segura y con la técnica apropiada.
“En el mundo entero se conmemora el Día del Bastón Blanco a fin de que se conceda importancia al esfuerzo por lograr que las personas ciegas pasen de la dependencia a la completa inclusión en la sociedad”.
Actualmente y a nivel internacional, existe el bastón blanco, utilizado por personas ciegas sin ningún resto de visión; también se encuentra el bastón verde, que es usado por personas con baja visión y, el bastón rojo y blanco, utilizado por personas con sordoceguera, es decir, personas que no ven ni oyen.
QUE ES LA SORDOCEGUERA
La sordoceguera es una discapacidad que implica la pérdida de la visión y audición, suficientemente severas como para afectar la comunicación, la movilidad y el acceso a la información y el entorno.
Para contrarrestar este efecto hace falta la intervención de un profesional específico; es decir, un acompañante terapéutico con una formación específica en sordoceguera y sus formas de comunicación, quien debe trabajar en forma colaborativa con la familia de la persona y un equipo multidisciplinario formado por docentes, psicólogos, trabajadores sociales, fonoaudiólogos.
Asimismo, es de gran importancia identificar un diagnóstico temprano, para que pueda ser acompañado por un programa educativo adecuado.
COMO ACTUAR ANTE UNA PERSONA CON SORDOCEGUERA
Es necesario saber cómo se debe actuar frente a una persona con sordoceguera y qué se debe tener en cuenta a la hora de interactuar con ellas:
En un primer momento se le debe dar a conocer la presencia de otra persona, tocándola suavemente en el hombro o en el brazo y si está concentrada en la realización de alguna tarea, se debe esperar hasta que pueda atenderla para no causarle susto o sorpresa, es necesario anticipar todo y decirle el nombre.
Además, se le debe hablar despacio, mirarla a la cara, aunque no pueda responder, y sobre todo tener paciencia al conocerla, porque debido a las dificultades en la comunicación esto puede ser algo lento ya que a veces puede estar aprendiendo a hacerlo.
En caso de que utilice audífonos se debe dirigir de manera clara y directa, vocalizando bien, evitando los lugares ruidosos para desarrollar una conversación (es probable que escuche más de un oído que de otro, en este caso es necesario ubicarse del lado que escucha).
También, si conserva resto visual, es necesario ubicarse donde se pueda ver, un lugar bien iluminado hará más eficaz la comunicación, quizás pueda entender a través de la labiolectura o la lengua de señas.
Si la persona sabe leer es importante escribir en un papel blanco con letras grandes, frases sencillas y en tinta negra para que el contraste sea mayor y si no lee ni sabe lengua de señas se le deben mostrar los objetos.
Al caminar, la forma correcta de guiarla es dejar que tome el brazo por el codo o el hombro de la persona que lo acompaña, pero nunca llevarla delante. Es necesario trasmitirle lo que sucede alrededor, permitirle tocar, indicarle las escaleras, cordones y pozos en el suelo.
Finalmente, el acompañante debe despedirse cuando se tiene que retirar, ya que las personas con estos tipos de discapacidad, no tienen otra forma de saber de la presencia o ausencia, y si la ausencia es por un momento, es preciso avisarle y dejarlo en un lugar cómodo y seguro.
Fuentes consultadas:
Web de Lions Clubs International
diariolaopinion.com.ar/ (Rafaela, Prov. de Santa Fe)
domingo, 30 de septiembre de 2018
Tentación versus Oración
Están dos solteronas tomando un vino en el club, cuando de pronto ven pasar a una tercera solterona que está embarazada, y claro; es la oportunidad propicia para empezar con un buen chisme.
-Martina... —Dice la primera—. ¿Viste que la Lupe está embarazada?
-Sí Rita, ya la había visto, y ya hablé con ella —Contesta la otra.
-No puede ser... Cuenta, cuenta, que te dijo de su embarazo... porque está bastante extraño ¿No?
-Pues ella dice que fue un milagro que ocurrió en la parroquia del pueblo vecino... Que fue gracias a una oración, o algo así, pero yo no creo en esa clase de milagros... ella no quiso dar muchos detalles...
Rita se decide a averiguar que fue lo que pasó realmente con el embarazo de Lupe, y habla con todas las chismosas del club. Después de enterarse de todos los detalles, se va a la parroquia donde ocurrió el milagro, y deseando que le ocurra el mismo milagro de quedar embarazada, habla con el párroco de la iglesia.
—Padre, yo he venido porque una amiga mía vino hasta aquí, y quedó embarazada por un "Ave María"....
—No hija mía, creo que le dieron mal la información. Ella no quedó embarazada por un "Ave María", sino por UN "PADRE NUESTRO", QUE YA NO ESTÁ EN ESTA PARROQUIA!!!
-Martina... —Dice la primera—. ¿Viste que la Lupe está embarazada?
-Sí Rita, ya la había visto, y ya hablé con ella —Contesta la otra.
-No puede ser... Cuenta, cuenta, que te dijo de su embarazo... porque está bastante extraño ¿No?
-Pues ella dice que fue un milagro que ocurrió en la parroquia del pueblo vecino... Que fue gracias a una oración, o algo así, pero yo no creo en esa clase de milagros... ella no quiso dar muchos detalles...
Rita se decide a averiguar que fue lo que pasó realmente con el embarazo de Lupe, y habla con todas las chismosas del club. Después de enterarse de todos los detalles, se va a la parroquia donde ocurrió el milagro, y deseando que le ocurra el mismo milagro de quedar embarazada, habla con el párroco de la iglesia.
—Padre, yo he venido porque una amiga mía vino hasta aquí, y quedó embarazada por un "Ave María"....
—No hija mía, creo que le dieron mal la información. Ella no quedó embarazada por un "Ave María", sino por UN "PADRE NUESTRO", QUE YA NO ESTÁ EN ESTA PARROQUIA!!!
Alimentos ricos en magnesio
Los minerales son componentes inorgánicos, es decir, aquellos que se encuentran en la naturaleza sin formar parte de los seres vivos.
Juegan un papel importante en la formación de tejidos, síntesis de hormonas y en la mayoría de las reacciones químicas.
El magnesio es esencial para la asimilación del calcio y de la vitamina C. Es importante para la transmisión de los impulsos nerviosos, equilibra el sistema nervioso central y aumenta la secreción de bilis.
Aquí les presentamos una tabla con alimentos ricos en Magnesio, el contenido se expresa en miligramos por cada 100 gr. de porción comestible del producto.
Alimentos ricos en magnesio
alimentos contenido en magnesio
almendras, cacahuetes... contenido: 250
caracoles... contenido: 250
garbanzos, judías blancas, guisantes... contenido: 150
avellanas, pistachos, nueces... contenido: 150
maíz... contenido: 120
chocolate... contenido: 100
pan integral... contenido: 91
lentejas... contenido: 78
cigalas, langostinos, gambas... contenido: 76
acelgas... contenido: 76
puré de patatas... contenido: 69
dátiles... contenido: 59
pasta... contenido: 57
chocolate con leche... contenido: 50
espinacas... contenido: 50
sardinas en conserva... contenido: 50
almejas, berberechos... contenido: 50
gruyere, emmental... contenido: 50
pasas, ciruelas secas... contenido: 40
queso manchego semicurado... contenido: 39
castañas... contenido: 36
guisantes verdes... contenido: 35
langosta y bogavante... contenido: 34
galletas... contenido: 32
queso de bola, manchego fresco... contenido: 28
judías verdes, habas... contenido: 28
sardinas en conserva... contenido: 26
patatas... contenido: 25
conejo... contenido: 25
besugo, dorada, salmonetes, merluza... contenido: 23
Documento avalado por:
Clínica Universitaria. Universidad de Navarra
Juegan un papel importante en la formación de tejidos, síntesis de hormonas y en la mayoría de las reacciones químicas.
El magnesio es esencial para la asimilación del calcio y de la vitamina C. Es importante para la transmisión de los impulsos nerviosos, equilibra el sistema nervioso central y aumenta la secreción de bilis.
Aquí les presentamos una tabla con alimentos ricos en Magnesio, el contenido se expresa en miligramos por cada 100 gr. de porción comestible del producto.
Alimentos ricos en magnesio
alimentos contenido en magnesio
almendras, cacahuetes... contenido: 250
caracoles... contenido: 250
garbanzos, judías blancas, guisantes... contenido: 150
avellanas, pistachos, nueces... contenido: 150
maíz... contenido: 120
chocolate... contenido: 100
pan integral... contenido: 91
lentejas... contenido: 78
cigalas, langostinos, gambas... contenido: 76
acelgas... contenido: 76
puré de patatas... contenido: 69
dátiles... contenido: 59
pasta... contenido: 57
chocolate con leche... contenido: 50
espinacas... contenido: 50
sardinas en conserva... contenido: 50
almejas, berberechos... contenido: 50
gruyere, emmental... contenido: 50
pasas, ciruelas secas... contenido: 40
queso manchego semicurado... contenido: 39
castañas... contenido: 36
guisantes verdes... contenido: 35
langosta y bogavante... contenido: 34
galletas... contenido: 32
queso de bola, manchego fresco... contenido: 28
judías verdes, habas... contenido: 28
sardinas en conserva... contenido: 26
patatas... contenido: 25
conejo... contenido: 25
besugo, dorada, salmonetes, merluza... contenido: 23
Documento avalado por:
Clínica Universitaria. Universidad de Navarra
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El consultorio virtual del Doctor Fugazzetta
Louis Armstrong - I Want A Big Butter & Egg Man
From the album "Ain't Gonna Give Nobody None of My Jelly Roll" (1964)
https://youtu.be/PV2sBE29O_0
https://youtu.be/PV2sBE29O_0
Gustavo Adolfo Bécquer - Rima X
Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman;
el cielo se deshace en rayos de oro;
la tierra se estremece alborozada;
oigo flotando en olas de armonía
rumor de besos y batir de alas;
mis párpados se cierran... ¿Qué sucede? –
¡Es el amor que pasa!
en derredor palpitan y se inflaman;
el cielo se deshace en rayos de oro;
la tierra se estremece alborozada;
oigo flotando en olas de armonía
rumor de besos y batir de alas;
mis párpados se cierran... ¿Qué sucede? –
¡Es el amor que pasa!
Goulash con spaetzle
Receta húngara
Goulash:
500 g de roast beef
2 dientes de ajo
3 cebollas
2 ramas de orégano
1 hoja de laurel
2 ramas de tomillo
1 cda de semillas de hinojo
4 cdas de extracto de tomate
1 cda de pimentón
1 l de caldo de vegetales
Spaetzle:
4 yemas
400 cc de leche
500 g de harina
1 puñado de perejil
1 cdita de nuez moscada rallada manteca sal aceite de oliva
Elaboración
Para el goulash:
Salteá en una olla la carne cortada en cubos.
Retirá y en la misma olla sudá la cebolla cortada en pluma, el orégano, el laurel, el tomillo y las semillas de hinojo.
Agregá el extracto de tomate, el pimentón, la carne y el caldo de vegetales (hasta cubrir).
Cociná durante una hora hirviendo a fuego lento.
Para los spaetzle:
Mezclá en un bowl 4 yemas con la leche.
En otro recipiente poné la harina, sal y nuez moscada. Agregá los líquidos a los secos
Formá la masa y dejá reposar media hora en la heladera.
Colocá porciones de masa en un aparato para realizar spaetzle o, reemplazalo por una lata con agujeros y con ayuda de una cuchara de madera dejá caer gotitas de masa sobre una olla con agua hirviendo con sal.
Cuando estas gotitas floten, retirá los spaetzle y ponelos en agua helada para cortar la cocción.
Saltealos con manteca y perejil picado, sal y aceite de oliva.
Tags: goulash, carne, spaetzle, húngaro, guiso, invierno
Fuente: http://nardalepes.com/receta/goulash-con-spaetzle
Goulash:
500 g de roast beef
2 dientes de ajo
3 cebollas
2 ramas de orégano
1 hoja de laurel
2 ramas de tomillo
1 cda de semillas de hinojo
4 cdas de extracto de tomate
1 cda de pimentón
1 l de caldo de vegetales
Spaetzle:
4 yemas
400 cc de leche
500 g de harina
1 puñado de perejil
1 cdita de nuez moscada rallada manteca sal aceite de oliva
Elaboración
Para el goulash:
Salteá en una olla la carne cortada en cubos.
Retirá y en la misma olla sudá la cebolla cortada en pluma, el orégano, el laurel, el tomillo y las semillas de hinojo.
Agregá el extracto de tomate, el pimentón, la carne y el caldo de vegetales (hasta cubrir).
Cociná durante una hora hirviendo a fuego lento.
Para los spaetzle:
Mezclá en un bowl 4 yemas con la leche.
En otro recipiente poné la harina, sal y nuez moscada. Agregá los líquidos a los secos
Formá la masa y dejá reposar media hora en la heladera.
Colocá porciones de masa en un aparato para realizar spaetzle o, reemplazalo por una lata con agujeros y con ayuda de una cuchara de madera dejá caer gotitas de masa sobre una olla con agua hirviendo con sal.
Cuando estas gotitas floten, retirá los spaetzle y ponelos en agua helada para cortar la cocción.
Saltealos con manteca y perejil picado, sal y aceite de oliva.
Tags: goulash, carne, spaetzle, húngaro, guiso, invierno
Fuente: http://nardalepes.com/receta/goulash-con-spaetzle
sábado, 29 de septiembre de 2018
Una biografía en Frecuencia Modulada....
Edwin Howard Armstrong
Nació en Manhattan, Estados Unidos, el 18 de diciembre de 1890.
Falleció en Nueva York, el 31 de enero de 1954, a la edad de 63 años.
Ingeniero electricista e inventor norteamericano, famoso por sus importantes aportaciones al desarrollo de la radio. Ingresó en la Universidad de Columbia después de su graduación, en el mismo año en que Lee de Forest acababa de inventar el triodo (audión era el nombre original). Edwin Armstrong estudió concienzudamente todas las características eléctricas del nuevo componente electrónico y diseñó varios receptores que empleaban este tubo de vacío.
En el otoño de 1912, uno de los receptores construidos por Armstrong manifestó una enorme capacidad de amplificación y selectividad, debido a una realimentación que había introducido en el circuito. Armstrong lo llamó receptor superregenerativo. Este tipo de receptor superó a todos los conocidos hasta la aparición del superheterodino. Aunque la comunidad científica reconoció inmediatamente los éxitos de Armstrong, las numerosas patentes que había realizado Lee de Forest le impidieron registrar muchos de sus inventos, lo cual no impidió que recibiese la medalla de oro del Instituto de Radio Ingenieros y la medalla Franklin (el máximo galardón norteamericano al mérito científico) por la invención del circuito regenerativo.
Durante la Primera Guerra Mundial, Edwin Armstrong estuvo en los laboratorios de la U.S. Army Signal Corps, en París, donde desarrolló el receptor superheterodino, diseño en el cual se basan el 99% de los receptores de radio y de televisión de todo el mundo en la actualidad. Este receptor constituyó la pieza básica que permitió la extensión de la radiodifusión a todos los ámbitos, ya que era mucho más sensible, robusto, estable y selectivo.
Después de la guerra, vendió sus patentes a algunas compañías a cambio de acciones y volvió a la Universidad de Columbia, donde trabajaría como asistente del eminente físico Michael Pupin. A partir de los años 20, la expansión de la radiodifusión hizo millonario a Armstrong de la noche a la mañana, aunque no abandonó su trabajo en la universidad, donde buscaba soluciones para el ruido estático y las interferencias de las emisiones de radio.
En 1933, Edwin Armstrong patentó un innovador sistema de trasmisión y recepción basado en la modulación de frecuencia que necesitaba equipos de diseño distinto al tradicional. El mayor problema que presentaba aquella técnica, en efecto, era su absoluta incompatibilidad con las radios ya establecidas, por lo que su idea no tuvo la aceptación que esperaba. Para demostrar su sistema, Armstrong invirtió más de 300.000 dólares de la época en construir una emisora completamente nueva y receptores. La Segunda Guerra Mundial requirió de nuevo que Armstrong fuese reclamado para trabajar para el ejército, lo cual retrasó la puesta en marcha de su proyecto.
Después de la guerra, cuando la frecuencia modulada (FM) comenzaba a captar adeptos, Armstrong se vio de nuevo envuelto en interminables pleitos acerca de sus patentes. RCA (La Corporación de Radios de América) reclamó y consiguió su propia patente en tecnología FM, y ganó, en última instancia, el pleito por la patente que subsistía entre ellos y Edwin Armstrong, dejando a Armstrong sin capacidad para demandar derechos por las radios de FM vendidas en los Estados Unidos. El constante debilitamiento de la Yankee Network (Red Yankee) y la lucha por las patentes que lo dejaron sin un centavo destruyeron a Armstrong emocionalmente.
En este estado, Armstrong se suicidó el 31 de enero de 1954 saltando por la ventana de su departamento, en el piso 13, deprimido por lo que él vio como el fracaso de su invención de la radio en FM.
En su nota de suicidio decía a su esposa: "Que Dios te ayude y tenga piedad de mi alma".
Su segunda esposa y viuda Marion continuó la lucha por la patente contra RCA, y finalmente la obtuvo en 1967.
A pesar de los inconvenientes que tuvo en sus comienzos y de no ver coronado su esfuerzo antes de morir, actualmente la FM se ha hecho tan popular como los otros sistemas de radiodifusión gracias a sus importantes mejoras de calidad.
Edwin Armstrong fue definitivamente el creador de la tecnología FM y por esa razón no debe ser olvidado. Por ello fue póstumamente elegido para figurar en la lista de los "grandes" de la electricidad junto a figuras tales como Alexander Graham Bell, Nikola Tesla, Marconi y Michael Pupin, por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) en Ginebra.
Nació en Manhattan, Estados Unidos, el 18 de diciembre de 1890.
Falleció en Nueva York, el 31 de enero de 1954, a la edad de 63 años.
Ingeniero electricista e inventor norteamericano, famoso por sus importantes aportaciones al desarrollo de la radio. Ingresó en la Universidad de Columbia después de su graduación, en el mismo año en que Lee de Forest acababa de inventar el triodo (audión era el nombre original). Edwin Armstrong estudió concienzudamente todas las características eléctricas del nuevo componente electrónico y diseñó varios receptores que empleaban este tubo de vacío.
En el otoño de 1912, uno de los receptores construidos por Armstrong manifestó una enorme capacidad de amplificación y selectividad, debido a una realimentación que había introducido en el circuito. Armstrong lo llamó receptor superregenerativo. Este tipo de receptor superó a todos los conocidos hasta la aparición del superheterodino. Aunque la comunidad científica reconoció inmediatamente los éxitos de Armstrong, las numerosas patentes que había realizado Lee de Forest le impidieron registrar muchos de sus inventos, lo cual no impidió que recibiese la medalla de oro del Instituto de Radio Ingenieros y la medalla Franklin (el máximo galardón norteamericano al mérito científico) por la invención del circuito regenerativo.
Durante la Primera Guerra Mundial, Edwin Armstrong estuvo en los laboratorios de la U.S. Army Signal Corps, en París, donde desarrolló el receptor superheterodino, diseño en el cual se basan el 99% de los receptores de radio y de televisión de todo el mundo en la actualidad. Este receptor constituyó la pieza básica que permitió la extensión de la radiodifusión a todos los ámbitos, ya que era mucho más sensible, robusto, estable y selectivo.
Después de la guerra, vendió sus patentes a algunas compañías a cambio de acciones y volvió a la Universidad de Columbia, donde trabajaría como asistente del eminente físico Michael Pupin. A partir de los años 20, la expansión de la radiodifusión hizo millonario a Armstrong de la noche a la mañana, aunque no abandonó su trabajo en la universidad, donde buscaba soluciones para el ruido estático y las interferencias de las emisiones de radio.
En 1933, Edwin Armstrong patentó un innovador sistema de trasmisión y recepción basado en la modulación de frecuencia que necesitaba equipos de diseño distinto al tradicional. El mayor problema que presentaba aquella técnica, en efecto, era su absoluta incompatibilidad con las radios ya establecidas, por lo que su idea no tuvo la aceptación que esperaba. Para demostrar su sistema, Armstrong invirtió más de 300.000 dólares de la época en construir una emisora completamente nueva y receptores. La Segunda Guerra Mundial requirió de nuevo que Armstrong fuese reclamado para trabajar para el ejército, lo cual retrasó la puesta en marcha de su proyecto.
Después de la guerra, cuando la frecuencia modulada (FM) comenzaba a captar adeptos, Armstrong se vio de nuevo envuelto en interminables pleitos acerca de sus patentes. RCA (La Corporación de Radios de América) reclamó y consiguió su propia patente en tecnología FM, y ganó, en última instancia, el pleito por la patente que subsistía entre ellos y Edwin Armstrong, dejando a Armstrong sin capacidad para demandar derechos por las radios de FM vendidas en los Estados Unidos. El constante debilitamiento de la Yankee Network (Red Yankee) y la lucha por las patentes que lo dejaron sin un centavo destruyeron a Armstrong emocionalmente.
En este estado, Armstrong se suicidó el 31 de enero de 1954 saltando por la ventana de su departamento, en el piso 13, deprimido por lo que él vio como el fracaso de su invención de la radio en FM.
En su nota de suicidio decía a su esposa: "Que Dios te ayude y tenga piedad de mi alma".
Su segunda esposa y viuda Marion continuó la lucha por la patente contra RCA, y finalmente la obtuvo en 1967.
A pesar de los inconvenientes que tuvo en sus comienzos y de no ver coronado su esfuerzo antes de morir, actualmente la FM se ha hecho tan popular como los otros sistemas de radiodifusión gracias a sus importantes mejoras de calidad.
Edwin Armstrong fue definitivamente el creador de la tecnología FM y por esa razón no debe ser olvidado. Por ello fue póstumamente elegido para figurar en la lista de los "grandes" de la electricidad junto a figuras tales como Alexander Graham Bell, Nikola Tesla, Marconi y Michael Pupin, por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) en Ginebra.
Contra el sedentarismo: convertí el ejercicio en tu héroe
Hay personas que las únicas cuadras que caminan por día son las que las separan de donde estacionaron el auto. Que se mueven lo mínimo indispensable a pie. Y que se enfurecen cuando deben dejar su vehículo lejos… Todo eso, por no hablar de los que ni siquiera se mueven dentro de su casa, y su única acción es apretar los botones del control remoto. El sedentarismo, cada vez más, es una epidemia de nuestra sociedad.
Según me cuenta la doctora Silvina Rangel, directora de la clínica de neurorrehabilitación La Fontana/Deepark en La Plata, un paper de la Universidad de Harvard demostró que las escuelas que impartían 45 minutos diarios de actividad física lograron bajar de 30 a 3% el índice de obesidad de sus alumnos. "¡Imaginemos estos beneficios a largo plazo!", se entusiasma la especialista, que agrega que el ejercicio además modifica las conexiones neuronales en el cerebro, aumentando considerablemente el rendimiento cognitivo. "Si los adultos mayores practicaran 30 minutos diarios de ejercicio cuatro días a la semana, retrocederían su declive cognitivo por 10 años y reducirían 50% la posibilidad de padecer enfermedades psiquiátricas". Una apuesta que vale la pena hacer, ¿no?
Puesta en práctica en una escuela, además, la vida en movimiento tiene el bellísimo efecto secundario de disminuir el bullying y la violencia; y entre los adultos actúa como el mejor de los medicamentos contra la ansiedad, la depresión, el insomnio y el estrés, grandes males de nuestra época. "Estamos frente a un verdadero héroe y aliado, un remedio que no necesita receta, es gratis y no posee efectos adversos".
Hacer ejercicio no es el único camino al bienestar. De complementarse con otras técnicas como mindfulness, yoga, tai chi o meditación (entre muchas otras disciplinas alternativas) podría lograrse un resultado más integral para nuestra salud. "Y para disfrutar este inconmensurable beneficio no es necesario que te internes en el Himalaya ni te rapes la cabeza", alienta la doctora. Por ejemplo, 15 minutos diarios de mindfulness, esa búsqueda de conciencia plena en el aquí y el ahora, son suficientes para disminuir la ansiedad, mejorar el humor y la respuesta inmune frente a infecciones. La respiración profunda abdominal, realizada tres veces al día, brinda un descanso gratuito al estrés diario. "Tenemos tesoros de la felicidad a nuestro alrededor y nos cuesta apreciarlos –apunta–. Cuando lo damos por hecho, lo bueno pierde valor". Y es algo que suele suceder mucho con la salud.
Podría pensarse que como entrenador personal soy caro, pero suelo decirles a mis alumnos que mucho más caro será cuando pierdan su salud y deban empezar a gastar en tratamientos. Así que hoy vuelvo a incitarte a empezar una vida en movimiento. ¿O realmente necesitás esperar a que algo te pase para empezar a sentirte vivo?
Por Daniel Tangona. Para LA NACION
Según me cuenta la doctora Silvina Rangel, directora de la clínica de neurorrehabilitación La Fontana/Deepark en La Plata, un paper de la Universidad de Harvard demostró que las escuelas que impartían 45 minutos diarios de actividad física lograron bajar de 30 a 3% el índice de obesidad de sus alumnos. "¡Imaginemos estos beneficios a largo plazo!", se entusiasma la especialista, que agrega que el ejercicio además modifica las conexiones neuronales en el cerebro, aumentando considerablemente el rendimiento cognitivo. "Si los adultos mayores practicaran 30 minutos diarios de ejercicio cuatro días a la semana, retrocederían su declive cognitivo por 10 años y reducirían 50% la posibilidad de padecer enfermedades psiquiátricas". Una apuesta que vale la pena hacer, ¿no?
Puesta en práctica en una escuela, además, la vida en movimiento tiene el bellísimo efecto secundario de disminuir el bullying y la violencia; y entre los adultos actúa como el mejor de los medicamentos contra la ansiedad, la depresión, el insomnio y el estrés, grandes males de nuestra época. "Estamos frente a un verdadero héroe y aliado, un remedio que no necesita receta, es gratis y no posee efectos adversos".
Hacer ejercicio no es el único camino al bienestar. De complementarse con otras técnicas como mindfulness, yoga, tai chi o meditación (entre muchas otras disciplinas alternativas) podría lograrse un resultado más integral para nuestra salud. "Y para disfrutar este inconmensurable beneficio no es necesario que te internes en el Himalaya ni te rapes la cabeza", alienta la doctora. Por ejemplo, 15 minutos diarios de mindfulness, esa búsqueda de conciencia plena en el aquí y el ahora, son suficientes para disminuir la ansiedad, mejorar el humor y la respuesta inmune frente a infecciones. La respiración profunda abdominal, realizada tres veces al día, brinda un descanso gratuito al estrés diario. "Tenemos tesoros de la felicidad a nuestro alrededor y nos cuesta apreciarlos –apunta–. Cuando lo damos por hecho, lo bueno pierde valor". Y es algo que suele suceder mucho con la salud.
Podría pensarse que como entrenador personal soy caro, pero suelo decirles a mis alumnos que mucho más caro será cuando pierdan su salud y deban empezar a gastar en tratamientos. Así que hoy vuelvo a incitarte a empezar una vida en movimiento. ¿O realmente necesitás esperar a que algo te pase para empezar a sentirte vivo?
Por Daniel Tangona. Para LA NACION
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El consultorio virtual del Doctor Fugazzetta
FABIAN GALLARDO - Los días por vivir
Tema perteneciente al cuarto disco solista "LA CALLE DE LA SALVACIÓN", editado por WEA en 1995.
https://youtu.be/fLRczqduD9Q
https://youtu.be/fLRczqduD9Q
El hombrecito del azulejo - Manuel Mujica Láinez
Los dos médicos cruzan el zaguán hablando en voz baja. Su
juventud puede más que sus barbas y que sus levitas severas, y brilla en sus
ojos claros. Uno de ellos, el doctor Ignacio Pirovano, es alto, de facciones
resueltamente esculpidas. Apoya una de las manos grandes, robustas, en el
hombro del otro, y comenta:
–Esta noche será la crisis.
–Sí –responde el doctor Eduardo Wilde–; hemos hecho cuanto pudimos.
–Veremos mañana. Tiene que pasar esta noche… Hay que esperar…
El hombrecito del azulejo es un ser singular. Nació en Francia, en Desvres, departamento del Paso de Calais, y vino a Buenos Aires por equivocación. Sus manufactureros, los Fourmaintraux, no lo destinaban aquí, pero lo incluyeron por error dentro de uno de los cajones rotulados para la capital argentina, e hizo el viaje, embalado prolijamente, el único distinto de los azulejos del lote. Los demás, los que ahora lo acompañan en el zócalo, son azules como él, con dibujos geométricos estampados cuya tonalidad se deslíe hacia el blanco del centro lechoso, pero ninguno se honra con su diseño: el de un hombrecito azul, barbudo, con calzas antiguas, gorro de duende y un bastón en la mano derecha. Cuando el obrero que ornamentaba el zaguán porteño topó con él, lo dejó aparte, porque su presencia intrusa interrumpía el friso; mas luego le hizo falta un azulejo para completar y lo colocó en un extremo, junto a la historiada cancela que separa zaguán y patio, pensando que nadie lo descubriría. Y el tiempo transcurrió sin que ninguno notara que entre los baldosines había uno, disimulado por la penumbra de la galería, tan diverso. Entraban los lecheros, los pescadores, los vendedores de escobas y plumeros hechos por los indios pampas; depositaban en el suelo sus hondos canastos, y no se percataban del menudo extranjero del zócalo. Otras veces eran las señoronas de visita las que atravesaban el zaguán y tampoco lo veían, ni lo veían las chinas crinudas que pelaban la pava a la puerta aprovechando la hora en que el ama rezaba el rosario en la Iglesia de San Miguel. Hasta que un día la casa se vendió y entre sus nuevos habitantes hubo un niño, quien lo halló de inmediato.
Ese niño, ese Daniel a quien la Muerte atisba ahora desde el brocal, fue en seguida su amigo. Le apasionó el misterio del hombrecito del azulejo, de ese diminuto ser que tiene por dominio un cuadrado con diez centímetros por lado, y que sin duda vive ahí por razones muy extraordinarias y muy secretas. Le dio un nombre. Lo llamó Martinito, en recuerdo del gaucho don Martín que le regaló un petiso cuando estuvieron en la estancia de su tío materno, en Arrecifes, y que se le parece vagamente, pues lleva como él unos largos bigotes caídos y una barba en punta y hasta posee un bastón hecho con una rama de manzano.
–¡Martinito! ¡Martinito!
Pero ahora el niño está enfermo, muy enfermo. Ya lo declararon al salir los doctores de barba rubia. Y la Muerte espera en el brocal.
El hombrecito se asoma desde su escondite y la espía. En el patio lunado, donde las macetas tienen la lividez de los espectros, y los hierros del aljibe se levantan como una extraña fuente inmóvil, la Muerte evoca las litografías del mexicano José Guadalupe Posada, ese que tantas “calaveras, ejemplos y corridos” ilustró durante la dictadura de Porfirio Díaz, pues como en ciertos dibujos macabros del mestizo está vestida como si fuera una gran señora, que por otra parte lo es.
Martinito estudia su traje negro de revuelta cola, con muchos botones y cintas, y la gorra emplumada que un moño de crespón sostiene bajo el maxilar y estudia su cráneo terrible, más pavoroso que el de los mortales porque es la calavera de la propia Muerte y fosforece con verde resplandor. Y ve que la Muerte bosteza.
Ni un rumor se oye en la casa. El ama recomendó a todos que caminaran rozando apenas el suelo, como si fueran ángeles, para no despertar a Daniel, y las pardas se han reunido a rezar quedamente en el otro patio, en tanto que la señora y sus hermanas lloran con los pañuelos apretados sobre los labios, en el cuarto del enfermo, donde algún bicho zumba como si pidiera silencio, alrededor de la única lámpara encendida.
Martinito piensa que el niño, su amigo, va a morir, y le late el frágil corazón de cerámica. Ya nadie acudirá cantando a su escondite del zaguán; nadie le traerá los juguetes nuevos, para mostrárselos y que conversen con él. Quedará solo una vez más, mucho más solo ahora que sabe lo que es la ternura.
La Muerte, entretanto, balancea las piernas magras en el brocal poliédrico de mármol que ornan anclas y delfines. El hombrecito da un paso y abandona su cuadrado refugio. Va hacia el patio, pequeño peregrino azul que atraviesa los hierros de la cancela asombrada, apoyándose en el bastón. Los gatos a quienes trastorna la proximidad de la Muerte, cesan de maullar: es insólita la presencia del personaje que podría dormir en la palma de la mano de un chico; tan insólita como la de la enlutada mujer sin ojos. Allá abajo, en el pozo profundo, la gran tortuga que lo habita adivina que algo extraño sucede en la superficie, y saca la cabeza del caparazón.
La Muerte se hastía entre las enredaderas tenebrosas, mientras aguarda la hora fija en que se descalzará los mitones fúnebres para cumplir su función. Desprende el relojito que cuelga sobre su pecho fláccido y al que una guadaña sirve de minutero, mira la hora y vuelve a bostezar. Entonces advierte a sus pies al enano del azulejo, que se ha quitado el bonete y hace una reverencia de Francia.
–Madame la Mort…
La Muerte consulta el reloj. Faltan cuarenta y cinco minutos.
Martinito le dice que comprende que su misión debe ser muy aburrida y que si se lo permite la divertirá, y antes que ella le responda, descontando su respuesta afirmativa, el hombrecito se ha lanzado a referir un complicado cuento que transcurre a mil leguas de allí, allende el mar, en Desvres de Francia. Le explica que ha nacido en Desvres, en casa de los Fourmaintraux, los manufactureros de cerámica, “rue de Poitiers”, y que pudo haber sido de color cobalto, o negro, o carmín oscuro, o amarillo cromo, o verde, u ocre rojo, pero que prefiere este azul de ultramar. ¿No es cierto? N’est–ce pas? Y le confía cómo vino por error a Buenos Aires y, adelantándose a las réplicas, dando unos saltitos graciosos, le describe las gentes que transitan por el zaguán: la parda enamorada del carnicero; el mendigo que guarda una moneda de oro en la media; el boticario que ha inventado un remedio para la calvicie y que, de tanto repetir demostraciones y ensayarlo en sí mismo, perdió el escaso pelo que le quedaba; el mayoral del tranvía de los hermanos Lacroze, que escolta a la señora hasta la puerta, galantemente, “comme un gentilhomme”, y luego desaparece corneteando…
La Muerte ríe con sus huesos bailoteantes y mira el reloj. Faltan treinta y tres minutos.
Martinito se alisa la barba en punta y, como Buenos Aires ya no le brinda tema y no quiere nombrar a Daniel y a la amistad que los une, por razones diplomáticas, vuelve a hablar de Desvres, del bosque trémulo de hadas, de gnomos y de vampiros, que lo circunda, y de la montaña vecina, donde hay bastiones ruinosos y merodean las hechiceras la noche del sábado. Y habla y habla. Sospecha que a esta Muerte parroquial le agradará la alusión a otras Muertes más aparatosas, sus parientas ricas, y le relata lo que sabe de las grandes Muertes que entraron en Desvres a caballo, hace siglos, armadas de pies a cabeza, al son de los curvos cuernos marciales, “bastante diferentes, n’est–ce pas, de la corneta del mayoral del tránguay”, sitiando castillos e incendiando iglesias, con los normandos, con los ingleses, con los borgoñones.
Todo el patio se ha colmado de sangre y de cadáveres revestidos de cotas de malla. Hay desgarradas banderas con leopardos y flores de lis, que cuelgan de la cancela criolla; hay escudos partidos junto al brocal y yelmos rotos junto a las rejas, en el aldeano sopor de Buenos Aires, porque Martinito narra tan bien que no olvida pormenores. Además no está quieto ni un segundo, y al pintar el episodio más truculento introduce una nota imprevista, bufona, que hace reír a la Muerte del barrio de San Miguel, como cuando inventa la anécdota de ese general gordísimo, tan temido por sus soldados, que osó retar a duelo a Madame la Mort de Normandie, y la Muerte aceptó el duelo, y mientras éste se desarrollaba ella produjo un calor tan intenso que obligó a su adversario a despojarse de sus ropas una a una, hasta que los soldados vieron que su jefe era en verdad un individuo flacucho, que se rellenaba de lanas y plumas, como un almohadón enorme, para fingir su corpulencia.
La Muerte ríe como una histérica, aferrada al forjado coronamiento del aljibe.
–Y además… –prosigue el hombrecito del azulejo.
Pero la Muerte lanza un grito tan siniestro que muchos se persignan en la ciudad, figurándose que un ave feroz revolotea entre los campanarios. Ha mirado su reloj de nuevo y ha comprobado que el plazo que el destino estableció para Daniel pasó hace cuatro minutos. De un brinco se para en la mitad del patio, y se desespera. ¡Nunca, nunca había sucedido esto, desde que presta servicios en el barrio de San Miguel! ¿Qué sucederá ahora y cómo rendirá cuentas de su imperdonable distracción? Se revuelve, iracunda, trastornando el emplumado sombrero y el moño, y corre hacia Martinito. Martinito es ágil y ha conseguido, a pesar del riesgo y merced a la ayuda de los delfines de mármol adheridos al brocal, descender al patio, y escapa como un escarabajo veloz hacia su azulejo del zaguán. La Muerte lo persigue y lo alcanza en momentos en que pretende disimularse en la monotonía del zócalo. Y lo descubre, muy orondo, apoyado en el bastón, espejeantes las calzas de caballero antiguo.
–Él se ha salvado –castañetean los dientes amarillos de la Muerte–, pero tú morirás por él.
Una semana más tarde, el chico sale al patio. Alza en brazos a la gata gris y se apresura, titubeando todavía, a visitar a su amigo Martinito. Su estupor y su desconsuelo corren por la casa, al advertir la ausencia del hombrecito y que hay un hueco en el lugar del azulejo extraño. Madre y tías, criadas y cocinera, se consultan inútilmente. Nadie sabe nada. Revolucionan las habitaciones, en pos de un indicio, sin hallarlo. Daniel llora sin cesar. Se aproxima al brocal del aljibe, llorando, llorando, y logra encaramarse y asomarse a su interior. Allá dentro todo es una fresca sombra y ni siquiera se distingue a la tortuga, de modo que menos aún se ven los fragmentos del azulejo que en el fondo descansan. Lo único que el pozo le ofrece es su propia imagen, reflejada en un espejo oscuro, la imagen de un niño que llora.
El tiempo camina, remolón, y Daniel no olvida al hombrecito. Un día vienen a la casa dos hombres con baldes, cepillos y escobas. Son los encargados de limpiar el pozo, y como en cada oportunidad en que cumplen su tarea, ese es día de fiesta para las pardas, a quienes deslumbra el ajetreo de los mulatos cantores que, semidesnudos, bajan a la cavidad profunda y se están ahí largo espacio, baldeando y fregando. Los muchachos de la cuadra acuden. Saben que verán a la tortuga, quien sólo entonces aparece por el patio, pesadota, perdida como un anacoreta a quien de pronto trasladaran a un palacio de losas en ajedrez. Y Daniel es el más entusiasmado, pero algo enturbia su alegría, pues hoy no le será dado, como el año anterior, presentar la tortuga a Martinito. En eso cavila hasta que, repentinamente, uno de los hombres grita, desde la hondura, con voz de caverna:
–¡Ahí va algo, abarájenlo!
–Esta noche será la crisis.
–Sí –responde el doctor Eduardo Wilde–; hemos hecho cuanto pudimos.
–Veremos mañana. Tiene que pasar esta noche… Hay que esperar…
Y salen en silencio. A sus amigos del club, a sus compañeros
de la Facultad, del Lazareto y del Hospital del Alto de San Telmo, les hubiera
costado reconocerles, tan serios van, tan ensimismados, porque son dos hombres
famosos por su buen humor, que en el primero se expresa con farsas estudiantiles
y en el segundo con chisporroteos de ironía mordaz.
Cierran la puerta de calle sin ruido y sus pasos se apagan
en la noche. Detrás, en el gran patio que la luna enjalbega, la Muerte aguarda,
sentada en el brocal del pozo. Ha oído el comentario y en su calavera flota una
mueca que hace las veces de sonrisa. También lo oyó el hombrecito del azulejo.El hombrecito del azulejo es un ser singular. Nació en Francia, en Desvres, departamento del Paso de Calais, y vino a Buenos Aires por equivocación. Sus manufactureros, los Fourmaintraux, no lo destinaban aquí, pero lo incluyeron por error dentro de uno de los cajones rotulados para la capital argentina, e hizo el viaje, embalado prolijamente, el único distinto de los azulejos del lote. Los demás, los que ahora lo acompañan en el zócalo, son azules como él, con dibujos geométricos estampados cuya tonalidad se deslíe hacia el blanco del centro lechoso, pero ninguno se honra con su diseño: el de un hombrecito azul, barbudo, con calzas antiguas, gorro de duende y un bastón en la mano derecha. Cuando el obrero que ornamentaba el zaguán porteño topó con él, lo dejó aparte, porque su presencia intrusa interrumpía el friso; mas luego le hizo falta un azulejo para completar y lo colocó en un extremo, junto a la historiada cancela que separa zaguán y patio, pensando que nadie lo descubriría. Y el tiempo transcurrió sin que ninguno notara que entre los baldosines había uno, disimulado por la penumbra de la galería, tan diverso. Entraban los lecheros, los pescadores, los vendedores de escobas y plumeros hechos por los indios pampas; depositaban en el suelo sus hondos canastos, y no se percataban del menudo extranjero del zócalo. Otras veces eran las señoronas de visita las que atravesaban el zaguán y tampoco lo veían, ni lo veían las chinas crinudas que pelaban la pava a la puerta aprovechando la hora en que el ama rezaba el rosario en la Iglesia de San Miguel. Hasta que un día la casa se vendió y entre sus nuevos habitantes hubo un niño, quien lo halló de inmediato.
Ese niño, ese Daniel a quien la Muerte atisba ahora desde el brocal, fue en seguida su amigo. Le apasionó el misterio del hombrecito del azulejo, de ese diminuto ser que tiene por dominio un cuadrado con diez centímetros por lado, y que sin duda vive ahí por razones muy extraordinarias y muy secretas. Le dio un nombre. Lo llamó Martinito, en recuerdo del gaucho don Martín que le regaló un petiso cuando estuvieron en la estancia de su tío materno, en Arrecifes, y que se le parece vagamente, pues lleva como él unos largos bigotes caídos y una barba en punta y hasta posee un bastón hecho con una rama de manzano.
–¡Martinito! ¡Martinito!
El niño lo llama al despertarse, y arrastra a la gata
gruñona para que lo salude. Martinito es el compañero de su soledad. Daniel se
acurruca en el suelo junto a él y le habla durante horas, mientras la sombra
teje en el suelo la minuciosa telaraña de la cancela, recortando sus orlas y
paneles y sus finos elementos vegetales, con la medialuna del montante donde
hay una pequeña lira.
Martinito, agradecido a quien comparte su aislamiento, le
escucha desde su silencio azul, mientras las pardas van y vienen, descalzas,
por el zaguán y por el patio que en verano huele a jazmines del país y en
invierno, sutilmente, al sahumerio encendido en el brasero de la sala.Pero ahora el niño está enfermo, muy enfermo. Ya lo declararon al salir los doctores de barba rubia. Y la Muerte espera en el brocal.
El hombrecito se asoma desde su escondite y la espía. En el patio lunado, donde las macetas tienen la lividez de los espectros, y los hierros del aljibe se levantan como una extraña fuente inmóvil, la Muerte evoca las litografías del mexicano José Guadalupe Posada, ese que tantas “calaveras, ejemplos y corridos” ilustró durante la dictadura de Porfirio Díaz, pues como en ciertos dibujos macabros del mestizo está vestida como si fuera una gran señora, que por otra parte lo es.
Martinito estudia su traje negro de revuelta cola, con muchos botones y cintas, y la gorra emplumada que un moño de crespón sostiene bajo el maxilar y estudia su cráneo terrible, más pavoroso que el de los mortales porque es la calavera de la propia Muerte y fosforece con verde resplandor. Y ve que la Muerte bosteza.
Ni un rumor se oye en la casa. El ama recomendó a todos que caminaran rozando apenas el suelo, como si fueran ángeles, para no despertar a Daniel, y las pardas se han reunido a rezar quedamente en el otro patio, en tanto que la señora y sus hermanas lloran con los pañuelos apretados sobre los labios, en el cuarto del enfermo, donde algún bicho zumba como si pidiera silencio, alrededor de la única lámpara encendida.
Martinito piensa que el niño, su amigo, va a morir, y le late el frágil corazón de cerámica. Ya nadie acudirá cantando a su escondite del zaguán; nadie le traerá los juguetes nuevos, para mostrárselos y que conversen con él. Quedará solo una vez más, mucho más solo ahora que sabe lo que es la ternura.
La Muerte, entretanto, balancea las piernas magras en el brocal poliédrico de mármol que ornan anclas y delfines. El hombrecito da un paso y abandona su cuadrado refugio. Va hacia el patio, pequeño peregrino azul que atraviesa los hierros de la cancela asombrada, apoyándose en el bastón. Los gatos a quienes trastorna la proximidad de la Muerte, cesan de maullar: es insólita la presencia del personaje que podría dormir en la palma de la mano de un chico; tan insólita como la de la enlutada mujer sin ojos. Allá abajo, en el pozo profundo, la gran tortuga que lo habita adivina que algo extraño sucede en la superficie, y saca la cabeza del caparazón.
La Muerte se hastía entre las enredaderas tenebrosas, mientras aguarda la hora fija en que se descalzará los mitones fúnebres para cumplir su función. Desprende el relojito que cuelga sobre su pecho fláccido y al que una guadaña sirve de minutero, mira la hora y vuelve a bostezar. Entonces advierte a sus pies al enano del azulejo, que se ha quitado el bonete y hace una reverencia de Francia.
–Madame la Mort…
A la Muerte le gusta, súbitamente, que le hablen en francés.
Eso la aleja del modesto patio de una casa criolla perfumada con alhucema y
benjuí; la aleja de una ciudad donde, a poco que se ande por la calle, es
imposible no cruzarse con cuarteadores y con vendedores de empanadas. Porque
esta Muerte, la Muerte de Daniel, no es la gran Muerte, como se pensará, la
Muerte que las gobierna a todas, sino una de tantas Muertes, una Muerte de
barrio, exactamente la Muerte del barrio de San Miguel en Buenos Aires, y al
oírse dirigir la palabra en francés, cuando no lo esperaba, y por un caballero
tan atildado, ha sentido crecer su jerarquía en el lúgubre escalafón. Es
hermoso que la llamen a una así: “Madame la Mort”. Eso la aproxima en el
parentesco a otras Muertes mucho más ilustres, que sólo conoce de fama, y que
aparecen junto al baldaquino de los reyes agonizantes, reinas ellas mismas de
corona y cetro, en el momento en que los embajadores y los príncipes calculan
las amarguras y las alegrías de las sucesiones históricas.
–Madame la Mort…
La Muerte se inclina, estira sus falanges y alza a
Martinito. Lo deposita, sacudiéndose como un pájaro, en el brocal.
–Al fin –reflexiona la huesuda señora– pasa algo distinto.
Está acostumbrada a que la reciban con espanto. A cada
visita suya, los que pueden verla –los gatos, los perros, los ratones– huyen
vertiginosamente o enloquecen la cuadra con sus ladridos, sus chillidos y su
agorero maullar. Los otros, los moradores del mundo secreto –los personajes
pintados en los cuadros, las estatuas de los jardines, las cabezas talladas en
los muebles, los espantapájaros, las miniaturas de las porcelanas– fingen no
enterarse de su cercanía, pero enmudecen como si imaginaran que así va a
desentenderse de ellos y de su permanente conspiración temerosa. Y todo, ¿por
qué?, ¿porque alguien va a morir?, ¿y eso? Todos moriremos; también morirá la
Muerte.
Pero esta vez no. Esta vez las cosas acontecen en forma
desconcertante. El hombrecito está sonriendo en el borde del brocal, y la
Muerte no ha observado hasta ahora que nadie le sonriera. Y hay más. El
hombrecito sonriente se ha puesto a hablar, a hablar simplemente, naturalmente,
sin énfasis, sin citas latinas, sin enrostrarle esto o aquello y, sobre todo,
sin lágrimas. Y ¿qué le dice?La Muerte consulta el reloj. Faltan cuarenta y cinco minutos.
Martinito le dice que comprende que su misión debe ser muy aburrida y que si se lo permite la divertirá, y antes que ella le responda, descontando su respuesta afirmativa, el hombrecito se ha lanzado a referir un complicado cuento que transcurre a mil leguas de allí, allende el mar, en Desvres de Francia. Le explica que ha nacido en Desvres, en casa de los Fourmaintraux, los manufactureros de cerámica, “rue de Poitiers”, y que pudo haber sido de color cobalto, o negro, o carmín oscuro, o amarillo cromo, o verde, u ocre rojo, pero que prefiere este azul de ultramar. ¿No es cierto? N’est–ce pas? Y le confía cómo vino por error a Buenos Aires y, adelantándose a las réplicas, dando unos saltitos graciosos, le describe las gentes que transitan por el zaguán: la parda enamorada del carnicero; el mendigo que guarda una moneda de oro en la media; el boticario que ha inventado un remedio para la calvicie y que, de tanto repetir demostraciones y ensayarlo en sí mismo, perdió el escaso pelo que le quedaba; el mayoral del tranvía de los hermanos Lacroze, que escolta a la señora hasta la puerta, galantemente, “comme un gentilhomme”, y luego desaparece corneteando…
La Muerte ríe con sus huesos bailoteantes y mira el reloj. Faltan treinta y tres minutos.
Martinito se alisa la barba en punta y, como Buenos Aires ya no le brinda tema y no quiere nombrar a Daniel y a la amistad que los une, por razones diplomáticas, vuelve a hablar de Desvres, del bosque trémulo de hadas, de gnomos y de vampiros, que lo circunda, y de la montaña vecina, donde hay bastiones ruinosos y merodean las hechiceras la noche del sábado. Y habla y habla. Sospecha que a esta Muerte parroquial le agradará la alusión a otras Muertes más aparatosas, sus parientas ricas, y le relata lo que sabe de las grandes Muertes que entraron en Desvres a caballo, hace siglos, armadas de pies a cabeza, al son de los curvos cuernos marciales, “bastante diferentes, n’est–ce pas, de la corneta del mayoral del tránguay”, sitiando castillos e incendiando iglesias, con los normandos, con los ingleses, con los borgoñones.
Todo el patio se ha colmado de sangre y de cadáveres revestidos de cotas de malla. Hay desgarradas banderas con leopardos y flores de lis, que cuelgan de la cancela criolla; hay escudos partidos junto al brocal y yelmos rotos junto a las rejas, en el aldeano sopor de Buenos Aires, porque Martinito narra tan bien que no olvida pormenores. Además no está quieto ni un segundo, y al pintar el episodio más truculento introduce una nota imprevista, bufona, que hace reír a la Muerte del barrio de San Miguel, como cuando inventa la anécdota de ese general gordísimo, tan temido por sus soldados, que osó retar a duelo a Madame la Mort de Normandie, y la Muerte aceptó el duelo, y mientras éste se desarrollaba ella produjo un calor tan intenso que obligó a su adversario a despojarse de sus ropas una a una, hasta que los soldados vieron que su jefe era en verdad un individuo flacucho, que se rellenaba de lanas y plumas, como un almohadón enorme, para fingir su corpulencia.
La Muerte ríe como una histérica, aferrada al forjado coronamiento del aljibe.
–Y además… –prosigue el hombrecito del azulejo.
Pero la Muerte lanza un grito tan siniestro que muchos se persignan en la ciudad, figurándose que un ave feroz revolotea entre los campanarios. Ha mirado su reloj de nuevo y ha comprobado que el plazo que el destino estableció para Daniel pasó hace cuatro minutos. De un brinco se para en la mitad del patio, y se desespera. ¡Nunca, nunca había sucedido esto, desde que presta servicios en el barrio de San Miguel! ¿Qué sucederá ahora y cómo rendirá cuentas de su imperdonable distracción? Se revuelve, iracunda, trastornando el emplumado sombrero y el moño, y corre hacia Martinito. Martinito es ágil y ha conseguido, a pesar del riesgo y merced a la ayuda de los delfines de mármol adheridos al brocal, descender al patio, y escapa como un escarabajo veloz hacia su azulejo del zaguán. La Muerte lo persigue y lo alcanza en momentos en que pretende disimularse en la monotonía del zócalo. Y lo descubre, muy orondo, apoyado en el bastón, espejeantes las calzas de caballero antiguo.
–Él se ha salvado –castañetean los dientes amarillos de la Muerte–, pero tú morirás por él.
Se arranca el mitón derecho y desliza la falange sobre el
pequeño cuadrado, en el que se diseña una fisura que se va agrandando; la
cerámica se quiebra en dos trozos que caen al suelo. La Muerte los recoge, se
acerca al aljibe y los arroja en su interior, donde provocan una tos breve al
agua quieta y despabilan a la vieja tortuga ermitaña. Luego se va, rabiosa,
arrastrando los encajes lúgubres. Aún tiene mucho que hacer y esta noche nadie
volverá a burlarse de ella.
Los dos médicos jóvenes regresan por la mañana. En cuanto
entran en la habitación de Daniel se percatan del cambio ocurrido. La
enfermedad hizo crisis como presumían. El niño abre los ojos, y su madre y sus
tías lloran, pero esta vez es de júbilo. El doctor Pirovano y el doctor Wilde
se sientan a la cabecera del enfermo. Al rato, las señoras se han contagiado
del optimismo que emana de su buen humor. Ambos son ingeniosos, ambos están
desprovistos de solemnidad, a pesar de que el primero dicta la cátedra de
histología y anatomía patológica y de que el segundo es profesor de medicina
legal y toxicología, también en la Facultad de Buenos Aires. Ahora lo único que
quieren es que Daniel sonría. Pirovano se acuerda del tiempo no muy lejano en
que urdía chascos pintorescos, cuando era secretario del disparatado Club del
Esqueleto, en la Farmacia del Cóndor de Oro, y cambiaba los letreros de las
puertas, robaba los faroles de las fondas y las linternas de los serenos,
echaba municiones en las orejas de los caballos de los lecheros y
enseñaba insolencias a los loros. Daniel sonríe por fin y Eduardo Wilde le
acaricia la frente, nostálgico, porque ha compartido esa vida de estudiantes
felices, que le parece remota, soñada, irreal.Una semana más tarde, el chico sale al patio. Alza en brazos a la gata gris y se apresura, titubeando todavía, a visitar a su amigo Martinito. Su estupor y su desconsuelo corren por la casa, al advertir la ausencia del hombrecito y que hay un hueco en el lugar del azulejo extraño. Madre y tías, criadas y cocinera, se consultan inútilmente. Nadie sabe nada. Revolucionan las habitaciones, en pos de un indicio, sin hallarlo. Daniel llora sin cesar. Se aproxima al brocal del aljibe, llorando, llorando, y logra encaramarse y asomarse a su interior. Allá dentro todo es una fresca sombra y ni siquiera se distingue a la tortuga, de modo que menos aún se ven los fragmentos del azulejo que en el fondo descansan. Lo único que el pozo le ofrece es su propia imagen, reflejada en un espejo oscuro, la imagen de un niño que llora.
El tiempo camina, remolón, y Daniel no olvida al hombrecito. Un día vienen a la casa dos hombres con baldes, cepillos y escobas. Son los encargados de limpiar el pozo, y como en cada oportunidad en que cumplen su tarea, ese es día de fiesta para las pardas, a quienes deslumbra el ajetreo de los mulatos cantores que, semidesnudos, bajan a la cavidad profunda y se están ahí largo espacio, baldeando y fregando. Los muchachos de la cuadra acuden. Saben que verán a la tortuga, quien sólo entonces aparece por el patio, pesadota, perdida como un anacoreta a quien de pronto trasladaran a un palacio de losas en ajedrez. Y Daniel es el más entusiasmado, pero algo enturbia su alegría, pues hoy no le será dado, como el año anterior, presentar la tortuga a Martinito. En eso cavila hasta que, repentinamente, uno de los hombres grita, desde la hondura, con voz de caverna:
–¡Ahí va algo, abarájenlo!
Y el chico recibe en las manos tendidas el azulejo intacto,
con su hombrecito en el medio; intacto, porque si un enano francés estampado en
una cerámica puede burlar a la Muerte, es justo que también puedan burlarla las
lágrimas de un niño.
Llegó la hora de la anticoncepción masculina
Los hombres tendrán su píldora anti-bebés...
Podría ser la solución para los que dicen que “con condón no se siente igual”. Los anticonceptivos orales masculinos podrían ser una realidad. En una reunión de la Sociedad de Endocrinólogos en Chicago se presentó un estudio sobre un anticonceptivo oral para hombres que podría ser seguro y efectivo.
Pocas cosas son tan deliciosas en esta vida como un tipo que tiene condones a la mano y es el primero en decir que sin cauchito nanai. Si es tan pilo con la vaina, no solamente cuida de sí mismo, sino de sus parejas. Lo mismo aplica en el caso de las mujeres. Eso sí, no falta el retrógrado (de cualquier género) que piensa que cargar condones es sinónimo de ser un tonto. En un país donde más de 45.000 personas viven con VIH SIDA, según cifras de la Organización Mundial de la Salud, y el aborto es legal sólo en la minoría de los casos, podría uno pensar que cuidarse sería la decisión lógica de tomar. Sin embargo “verse sanito” y “tenerle confianza a la pareja” siguen siendo los “métodos” más populares para evitar enfermedades de transmisión sexual y embarazos. Frente a las primeras, la única opción sigue siendo el condón, pero una pepita que está en su fase de desarrollo, podría dejarles algo de la responsabilidad de los embarazos a los hombres.
Existen actualmente alrededor de 15 métodos anticonceptivos cuya eficacia ha sido comprobada, de los cuales el 85% fueron diseñados para que los usen las mujeres, bastante desbalanceado el asuntito: de la fiesta gozamos los dos, pero las consecuencias las asume usted solita. Soy totalmente consciente de que existen casos excepcionales donde los implicados se pusieron la capa de súper papás, mientras la señora se fue por ahí a, que sé yo, vivir la vida loca, pero son eso, excepciones de la regla. La cosa está bien simple: si tiramos los dos, por lo menos lo de cuidarnos también debe ser responsabilidad de ambos.
Los investigadores de la Universidad de Washington (Seattle) están de acuerdo en equilibrar la balanza del asunto y durante la reunión anual de la Sociedad de Endocrinólogos de este año en Chicago presentaron sus avances en el desarrollo de la pastilla anticonceptiva para hombres. La cosa pinta lo más bien.
El anticonceptivo masculino
Llamado Dimethandrolone undecanoate o DMAU, de cariño, se toma igual que los anticonceptivos femeninos, en forma oral, una vez al día. Seguro que si nosotras podemos acordarnos, ellos también y sino en últimas para eso están los recordatorios del celular. Esta es la segunda salida al ruedo de la DMAU, que en el 2016 se tuvo que retirar con el rabo entre las piernas porque le estaba jodiendo el hígado a los participantes del estudio, labor que le compete de manera exclusivamente irrefutable a los güaritos del fin de semana.
En el estudio más reciente participaron 100 hombres entre 18 y 50 años, de los cuales desertaron 13. Con una dosis diaria de 400mg en cada pastilla, los valientes que se quedaron en nombre de la ciencia y la igualdad de derechos sexuales, mostraron una baja en los niveles de testosterona y dos hormonas más que se encargan de la producción de espermas. No hay necesidad de entrar en pánico, la pepa no dejó infértil a ninguno, aunque no estaría mal pensar en la sobrepoblación mundial. A los dos días de suspenderla, los niveles hormonales de todos los participantes regresaron a la normalidad.
Los creadores de DMAU explicaron que el problemita del hígado está resuelto, pero por otro lado el estudio mostró que los participantes tuvieron una leve caída en los niveles de colesterol bueno, lo que puede fregar al corazón, y algo de aumento de peso. Lo último es algo que venimos sufriendo por generaciones las mujeres que hemos llenado nuestros cuerpos con hormonas anticonceptivas.
DMAU pasó su fase inicial con éxito y ahora va a ser probada en un grupo de hombres en relaciones a largo plazo y casados, vamos por buen camino. Igual la pregunta permanece: ¿Se tomarían los tipos una pastilla anticonceptiva cuya única función es prevenir el embarazo, cuando ellos no son los que tienen que lidiar con la carga del mismo? Yo quiero pensar que cada vez son más los manes responsables que dirían que sí.
Fuente: https://www.elplanetacurioso.com/2018/09/20/llego-la-hora-de-la-anticoncepcion-masculina-los-hombres-tendran-su-pildora-anti-bebes/
Podría ser la solución para los que dicen que “con condón no se siente igual”. Los anticonceptivos orales masculinos podrían ser una realidad. En una reunión de la Sociedad de Endocrinólogos en Chicago se presentó un estudio sobre un anticonceptivo oral para hombres que podría ser seguro y efectivo.
Pocas cosas son tan deliciosas en esta vida como un tipo que tiene condones a la mano y es el primero en decir que sin cauchito nanai. Si es tan pilo con la vaina, no solamente cuida de sí mismo, sino de sus parejas. Lo mismo aplica en el caso de las mujeres. Eso sí, no falta el retrógrado (de cualquier género) que piensa que cargar condones es sinónimo de ser un tonto. En un país donde más de 45.000 personas viven con VIH SIDA, según cifras de la Organización Mundial de la Salud, y el aborto es legal sólo en la minoría de los casos, podría uno pensar que cuidarse sería la decisión lógica de tomar. Sin embargo “verse sanito” y “tenerle confianza a la pareja” siguen siendo los “métodos” más populares para evitar enfermedades de transmisión sexual y embarazos. Frente a las primeras, la única opción sigue siendo el condón, pero una pepita que está en su fase de desarrollo, podría dejarles algo de la responsabilidad de los embarazos a los hombres.
Existen actualmente alrededor de 15 métodos anticonceptivos cuya eficacia ha sido comprobada, de los cuales el 85% fueron diseñados para que los usen las mujeres, bastante desbalanceado el asuntito: de la fiesta gozamos los dos, pero las consecuencias las asume usted solita. Soy totalmente consciente de que existen casos excepcionales donde los implicados se pusieron la capa de súper papás, mientras la señora se fue por ahí a, que sé yo, vivir la vida loca, pero son eso, excepciones de la regla. La cosa está bien simple: si tiramos los dos, por lo menos lo de cuidarnos también debe ser responsabilidad de ambos.
Los investigadores de la Universidad de Washington (Seattle) están de acuerdo en equilibrar la balanza del asunto y durante la reunión anual de la Sociedad de Endocrinólogos de este año en Chicago presentaron sus avances en el desarrollo de la pastilla anticonceptiva para hombres. La cosa pinta lo más bien.
El anticonceptivo masculino
Llamado Dimethandrolone undecanoate o DMAU, de cariño, se toma igual que los anticonceptivos femeninos, en forma oral, una vez al día. Seguro que si nosotras podemos acordarnos, ellos también y sino en últimas para eso están los recordatorios del celular. Esta es la segunda salida al ruedo de la DMAU, que en el 2016 se tuvo que retirar con el rabo entre las piernas porque le estaba jodiendo el hígado a los participantes del estudio, labor que le compete de manera exclusivamente irrefutable a los güaritos del fin de semana.
En el estudio más reciente participaron 100 hombres entre 18 y 50 años, de los cuales desertaron 13. Con una dosis diaria de 400mg en cada pastilla, los valientes que se quedaron en nombre de la ciencia y la igualdad de derechos sexuales, mostraron una baja en los niveles de testosterona y dos hormonas más que se encargan de la producción de espermas. No hay necesidad de entrar en pánico, la pepa no dejó infértil a ninguno, aunque no estaría mal pensar en la sobrepoblación mundial. A los dos días de suspenderla, los niveles hormonales de todos los participantes regresaron a la normalidad.
Los creadores de DMAU explicaron que el problemita del hígado está resuelto, pero por otro lado el estudio mostró que los participantes tuvieron una leve caída en los niveles de colesterol bueno, lo que puede fregar al corazón, y algo de aumento de peso. Lo último es algo que venimos sufriendo por generaciones las mujeres que hemos llenado nuestros cuerpos con hormonas anticonceptivas.
DMAU pasó su fase inicial con éxito y ahora va a ser probada en un grupo de hombres en relaciones a largo plazo y casados, vamos por buen camino. Igual la pregunta permanece: ¿Se tomarían los tipos una pastilla anticonceptiva cuya única función es prevenir el embarazo, cuando ellos no son los que tienen que lidiar con la carga del mismo? Yo quiero pensar que cada vez son más los manes responsables que dirían que sí.
Fuente: https://www.elplanetacurioso.com/2018/09/20/llego-la-hora-de-la-anticoncepcion-masculina-los-hombres-tendran-su-pildora-anti-bebes/
viernes, 31 de agosto de 2018
ORIENTACIÓN DE LOS GATOS
A JUAN SORIANO
Hubo un tiempo en que la música me pareció el camino que me llevaría de verdad a Alana, mirándola escuchar nuestros discos de Bartok, de Duke Ellington, de Gal Costa, una transparencia paulatina me ahondaba en ella, la música la desnudaba de una manera diferente, la volvía cada vez más Alana porque Alana no podía ser solamente esa mujer que siempre me había mirado de lleno sin ocultarme nada. Contra Alana, más allá de Alana yo la buscaba para amarla mejor; y si al principio la música me dejó entrever otras Alanas, llegó el día en que frente a un grabado de Rembrandt la vi cambiar todavía más, como si un juego de nubes en el ciclo alterara bruscamente las luces y las sombras de un paisaje. Sentí que la pintura la llevaba más allá de sí misma para ese único espectador que podía medir la instantánea metamorfosis nunca repetida, la entre visión de Alana en Alana. Intercesores involuntarios, Keith Harrett, Beethoven y Aníbal Troilo me habían ayudado a acercarme, pero frente a un cuadro o un grabado Alana se despojaba todavía más de eso que creía ser, por un momento entraba en un mundo imaginario para sin saberlo salir de sí misma, yendo de una pintura a otra, comentándolas o callando, juego de cartas que cada nueva contemplación barajaba para aquel que sigiloso y atento, un poco atrás o llevándola del brazo, veía sucederse las reinas y los ases, los piques y los tréboles, Alana.
¿Qué se podía hacer con Osiris? Darle su leche, dejarlo en su ovillo negro satisfactorio y ronroneante; pero a Alana yo podía traerla a esta galería de cuadros como lo hice ayer, una vez más asistir a un teatro de espejo y de cámaras oscuras, de imágenes tensas en la tela frente a esa otra imagen de alegres jeans y blusa roja que después de aplastar el cigarrillo a la entrada iba de cuadro en cuadro, deteniéndose exactamente a la distancia que su mirada requería, volviéndose a mí de tanto en tanto para comentar o comparar. Jamás hubiera podido descubrir que yo no estaba ahí por los cuadros, que un poco atrás o de lado mi manera de mirar nada tenía que ver con la suya. Jamás se daría cuenta de que su lento y reflexivo paso de cuadro en cuadro la cambiaba hasta obligarme a cerrar los ojos y luchar para no apretarla en los brazos y llevármela al delirio, a una locura de carrera en plena calle. Desenvuelta, liviana en su naturalidad de goce y descubrimiento, sus altos y sus demoras se inscribían en un tiempo diferente del mío, ajeno a la crispada espera de mi sed.
Hasta entonces todo había sido un vago anuncio, Alana en la música, Alana frente a Rembrandt. Pero ahora mi esperanza empezaba a cumplirse casi insoportablemente, desde nuestra llegada Alana se había dado a las pinturas con una atroz inocencia de camaleón, pasando de un estado a otro sin saber que un espectador agazapado acechaba en su actitud, en la inclinación de su cabeza, en el movimiento de sus manos o sus labios el cromatismo interior que la recorría hasta mostrarla otra, allí donde la otra era siempre Alana sumándose a Alana, las cartas agolpándose hasta completar la baraja. A su lado, avanzando poco a poco a lo largo de los muros de la galería, la iba viendo darse a cada pintura, mis ojos multiplicaban un triángulo fulminante que se tendía de ella al cuadro y del cuadro a mí mismo para volver a ella y aprehender el cambio, la aureola diferente que la envolvía un momento para ceder después a un aura nueva, a una tonalidad que la exponía a la verdadera, a la última desnudez. Imposible prever hasta donde se repetiría esa ósmosis, cuántas nuevas Alanas me llevarían por fin a la síntesis de la que saldríamos los dos colmados, ella sin saberlo y encendiendo un nuevo cigarrillo antes de pedirme que la llevara a tomar un trago, yo sabiendo que mi larga búsqueda había llegado a puerto y que mi amor abarcaría desde ahora lo visible y lo invisible, aceptaría la limpia mirada de Alana sin incertidumbres de puertas cerradas, de pasajes vedados.
Frente a una barca solitaria y un primer piano de rocas negras, la vi quedarse inmóvil largo tiempo; un imperceptible ondular de las manos la hacía como nadar en el aire, buscar el mar abierto, una fuga de horizontes. Ya no podía extrañarme que esa otra pintura donde una reja de agudas puntas vedaba el acceso a los árboles linderos la hiciera retroceder como buscando un punto de mira, de golpe era la repulsa, el rechazo de un limite inaceptable. Pájaros, monstruos Marinos, ventanas dándose al silencio o dejando entrar un simulacro de la muerte, cada nueva pintura arrasaba a Alana despojándola de su color anterior, arrancando de ella las modulaciones de la libertad, del vuelo, de los grandes espacios, afirmando su negativa frente a la noche y a la nada, su ansiedad solar, su casi terrible impulso de ave fénix. Me quedé atrás sabiendo que no me sería posible soportar su mirada, su sorpresa interrogativa cuando viera en mi cara el deslumbramiento de la confirmación, porque eso era también yo, eso era mi proyecto Alana, mi vida Alana, eso había sido deseado por mí y refrenado por un presente de ciudad y parsimonia, eso ahora al fin Alana, al fin Alana y yo desde ahora, desde ya mismo. Hubiera querido tenerla desnuda en los brazos, amarla de tal manera que todo quedara claro, todo quedara dicho para siempre entre nosotros, y que de esa interminable noche de amor, nosotros que ya conocíamos tantas, naciera la primera alborada de la vida.
Llegábamos al final de la galería, me acerqué a la puerta de salida ocultando todavía la cara, esperando que el aire y las luces de la calle me volvieran a lo que Alana conocía de mi. La vi detenerse ante un cuadro que otros visitantes me habían ocultado, quedarse largamente inmóvil mirando la pintura de una ventana y un gato. Una última transformación hizo de ella una lenta estatua nítidamente separada de los demás, de mí que me acercaba indeciso buscándole los ojos perdidos en la tela. Vi que el gato era idéntico a Osiris y que miraba a lo lejos algo que el muro de la ventana no nos dejaba ver. Inmóvil en su contemplación, parecía menos inmóvil que la inmovilidad de Alana. De alguna manera sentí que el triángulo se había roto, cuando Alana volvió hacia mí la cabeza el triángulo ya no existía, ella había ido al cuadro pero no estaba de vuelta, seguía del lado del gato mirando más allá de la ventana donde nadie podía ver lo que ellos veían, lo que solamente Alana y Osiris veían cada vez que me miraban de frente.
JULIO CORTAZAR
Cuando
Alana y Osiris me miran no puedo quejarme del menor disimulo, de la menor
duplicidad. Me miran de frente, Alana su luz azul y Osiris su rayo verde.
También entre ellos se miran así, Alana acariciando el negro lomo de Osiris que
alza el hocico del plato de leche y maúlla satisfecho, mujer y gato
conociéndose desde pianos que se me escapan, que mis caricias no alcanzan a
rebasar. Hace tiempo que he renunciado a todo dominio sobre Osiris, somos
buenos amigos desde una distancia infranqueable; pero Alana es mi mujer y la
distancia entre nosotros es otra, algo que ella no parece sentir pero que se
interpone en mi felicidad cuando Alana me mira, cuando me mira de frente igual
que Osiris y me sonríe o me habla sin la menor reserva, dándose en cada gesto y
cada cosa como seda en el amor, allí donde todo su cuerpo es como sus ojos, una
entrega absoluta, una reciprocidad ininterrumpida.
Es
extraño, aunque he renunciado a entrar de lleno en el mundo de Osiris, mi amor
por Alana no acepta esa llaneza de cosa concluida, de pareja para siempre, de
vida sin secretos. Detrás de esos ojos azules hay más, en el fondo de las
palabras y los gemidos y los silencios alienta otro reino, respira otra Alana.
Nunca se lo he dicho, la quiero demasiado para trisar esta superficie de
felicidad por la que ya se han deslizado tantos días, tantos años.A mi manera
me obstino en comprender, en descubrir; la observo pero sin espiarla; la sigo
pero sin desconfiar; amo una maravillosa estatua mutilada; un texto no
terminado, un fragmento de cielo inscrito en la ventana de la vida.Hubo un tiempo en que la música me pareció el camino que me llevaría de verdad a Alana, mirándola escuchar nuestros discos de Bartok, de Duke Ellington, de Gal Costa, una transparencia paulatina me ahondaba en ella, la música la desnudaba de una manera diferente, la volvía cada vez más Alana porque Alana no podía ser solamente esa mujer que siempre me había mirado de lleno sin ocultarme nada. Contra Alana, más allá de Alana yo la buscaba para amarla mejor; y si al principio la música me dejó entrever otras Alanas, llegó el día en que frente a un grabado de Rembrandt la vi cambiar todavía más, como si un juego de nubes en el ciclo alterara bruscamente las luces y las sombras de un paisaje. Sentí que la pintura la llevaba más allá de sí misma para ese único espectador que podía medir la instantánea metamorfosis nunca repetida, la entre visión de Alana en Alana. Intercesores involuntarios, Keith Harrett, Beethoven y Aníbal Troilo me habían ayudado a acercarme, pero frente a un cuadro o un grabado Alana se despojaba todavía más de eso que creía ser, por un momento entraba en un mundo imaginario para sin saberlo salir de sí misma, yendo de una pintura a otra, comentándolas o callando, juego de cartas que cada nueva contemplación barajaba para aquel que sigiloso y atento, un poco atrás o llevándola del brazo, veía sucederse las reinas y los ases, los piques y los tréboles, Alana.
¿Qué se podía hacer con Osiris? Darle su leche, dejarlo en su ovillo negro satisfactorio y ronroneante; pero a Alana yo podía traerla a esta galería de cuadros como lo hice ayer, una vez más asistir a un teatro de espejo y de cámaras oscuras, de imágenes tensas en la tela frente a esa otra imagen de alegres jeans y blusa roja que después de aplastar el cigarrillo a la entrada iba de cuadro en cuadro, deteniéndose exactamente a la distancia que su mirada requería, volviéndose a mí de tanto en tanto para comentar o comparar. Jamás hubiera podido descubrir que yo no estaba ahí por los cuadros, que un poco atrás o de lado mi manera de mirar nada tenía que ver con la suya. Jamás se daría cuenta de que su lento y reflexivo paso de cuadro en cuadro la cambiaba hasta obligarme a cerrar los ojos y luchar para no apretarla en los brazos y llevármela al delirio, a una locura de carrera en plena calle. Desenvuelta, liviana en su naturalidad de goce y descubrimiento, sus altos y sus demoras se inscribían en un tiempo diferente del mío, ajeno a la crispada espera de mi sed.
Hasta entonces todo había sido un vago anuncio, Alana en la música, Alana frente a Rembrandt. Pero ahora mi esperanza empezaba a cumplirse casi insoportablemente, desde nuestra llegada Alana se había dado a las pinturas con una atroz inocencia de camaleón, pasando de un estado a otro sin saber que un espectador agazapado acechaba en su actitud, en la inclinación de su cabeza, en el movimiento de sus manos o sus labios el cromatismo interior que la recorría hasta mostrarla otra, allí donde la otra era siempre Alana sumándose a Alana, las cartas agolpándose hasta completar la baraja. A su lado, avanzando poco a poco a lo largo de los muros de la galería, la iba viendo darse a cada pintura, mis ojos multiplicaban un triángulo fulminante que se tendía de ella al cuadro y del cuadro a mí mismo para volver a ella y aprehender el cambio, la aureola diferente que la envolvía un momento para ceder después a un aura nueva, a una tonalidad que la exponía a la verdadera, a la última desnudez. Imposible prever hasta donde se repetiría esa ósmosis, cuántas nuevas Alanas me llevarían por fin a la síntesis de la que saldríamos los dos colmados, ella sin saberlo y encendiendo un nuevo cigarrillo antes de pedirme que la llevara a tomar un trago, yo sabiendo que mi larga búsqueda había llegado a puerto y que mi amor abarcaría desde ahora lo visible y lo invisible, aceptaría la limpia mirada de Alana sin incertidumbres de puertas cerradas, de pasajes vedados.
Frente a una barca solitaria y un primer piano de rocas negras, la vi quedarse inmóvil largo tiempo; un imperceptible ondular de las manos la hacía como nadar en el aire, buscar el mar abierto, una fuga de horizontes. Ya no podía extrañarme que esa otra pintura donde una reja de agudas puntas vedaba el acceso a los árboles linderos la hiciera retroceder como buscando un punto de mira, de golpe era la repulsa, el rechazo de un limite inaceptable. Pájaros, monstruos Marinos, ventanas dándose al silencio o dejando entrar un simulacro de la muerte, cada nueva pintura arrasaba a Alana despojándola de su color anterior, arrancando de ella las modulaciones de la libertad, del vuelo, de los grandes espacios, afirmando su negativa frente a la noche y a la nada, su ansiedad solar, su casi terrible impulso de ave fénix. Me quedé atrás sabiendo que no me sería posible soportar su mirada, su sorpresa interrogativa cuando viera en mi cara el deslumbramiento de la confirmación, porque eso era también yo, eso era mi proyecto Alana, mi vida Alana, eso había sido deseado por mí y refrenado por un presente de ciudad y parsimonia, eso ahora al fin Alana, al fin Alana y yo desde ahora, desde ya mismo. Hubiera querido tenerla desnuda en los brazos, amarla de tal manera que todo quedara claro, todo quedara dicho para siempre entre nosotros, y que de esa interminable noche de amor, nosotros que ya conocíamos tantas, naciera la primera alborada de la vida.
Llegábamos al final de la galería, me acerqué a la puerta de salida ocultando todavía la cara, esperando que el aire y las luces de la calle me volvieran a lo que Alana conocía de mi. La vi detenerse ante un cuadro que otros visitantes me habían ocultado, quedarse largamente inmóvil mirando la pintura de una ventana y un gato. Una última transformación hizo de ella una lenta estatua nítidamente separada de los demás, de mí que me acercaba indeciso buscándole los ojos perdidos en la tela. Vi que el gato era idéntico a Osiris y que miraba a lo lejos algo que el muro de la ventana no nos dejaba ver. Inmóvil en su contemplación, parecía menos inmóvil que la inmovilidad de Alana. De alguna manera sentí que el triángulo se había roto, cuando Alana volvió hacia mí la cabeza el triángulo ya no existía, ella había ido al cuadro pero no estaba de vuelta, seguía del lado del gato mirando más allá de la ventana donde nadie podía ver lo que ellos veían, lo que solamente Alana y Osiris veían cada vez que me miraban de frente.
Receta de Solomillo de cerdo en salsa parmesana
En esta ocasión vamos a preparar un solomillo con salsa de queso parmesano, una receta estupenda para los amantes del queso. Un plato sencillo y fácil de hacer, con mucho sabor y textura. Si les gusta el queso parmesano esta salsa queda muy buena, pero se puede cambiar el queso por otro que les guste más.
El solomillo es una carne tierna y jugosa, con poca grasa que se puede cocinar de muchas maneras, pero en salsa es una carne que queda muy bien. Un plato que podemos acompañar con verduras, papas, lo que se nos ocurra!
Receta para 6 comensales (45min.)
Plato principal
Ingredientes:
2 Solomillos
60 Gramos de Queso parmesano
200 Mililitros de Crema de leche
100 Mililitros de leche
1 Pizca de sal
1 Pizca de pimienta
4 Cucharadas soperas de aceite de oliva
Pasos a seguir para hacer esta receta:
1). Limpiamos los solomillos de las telillas y grasa, salpimentamos y los doramos en una cazuela con las 4 cucharadas de aceite a fuego fuerte. Debe dorarse bien por fuera.
2). Mientras tanto, rallamos el queso parmesano. Como decía, si lo prefieres puedes sustituir este queso por otro que te guste, aunque se trata de uno de los protagonistas de la receta de solomillo en salsa de queso.
3). Vamos dando la vuelta a los solomillos para dejar que se doren por todos los lados. Cuando ya estén dorados, añadimos la crema de leche. Dejamos cocinar a fuego medio unos 5 minutos.
4). Ponemos el queso parmesano rallado, y lo dejamos cocinar hasta que quede una salsa; probamos de sal. Si la salsa queda muy espesa, podemos echar leche hasta dejarla a nuestro gusto. Apagamos y dejamos enfriar.
5). Sacamos los solomillos y los cortamos en filetes para servirlos.
6). Una vez cortado en filetes, los iremos poniendo en la cazuela de nuevo. A la hora de servir, damos un golpe de calor y disfrutamos de esta exquisita receta de solomillo de cerdo en salsa parmesana. Este plato es ideal para fiestas o comidas familiares, acompañado de una buena ensalada o papas al horno.
(Más recetas deliciosas en mi blog Cocinando con Montse)
Fuente: https://www.recetasgratis.net/
El solomillo es una carne tierna y jugosa, con poca grasa que se puede cocinar de muchas maneras, pero en salsa es una carne que queda muy bien. Un plato que podemos acompañar con verduras, papas, lo que se nos ocurra!
Receta para 6 comensales (45min.)
Plato principal
Ingredientes:
2 Solomillos
60 Gramos de Queso parmesano
200 Mililitros de Crema de leche
100 Mililitros de leche
1 Pizca de sal
1 Pizca de pimienta
4 Cucharadas soperas de aceite de oliva
Pasos a seguir para hacer esta receta:
1). Limpiamos los solomillos de las telillas y grasa, salpimentamos y los doramos en una cazuela con las 4 cucharadas de aceite a fuego fuerte. Debe dorarse bien por fuera.
2). Mientras tanto, rallamos el queso parmesano. Como decía, si lo prefieres puedes sustituir este queso por otro que te guste, aunque se trata de uno de los protagonistas de la receta de solomillo en salsa de queso.
3). Vamos dando la vuelta a los solomillos para dejar que se doren por todos los lados. Cuando ya estén dorados, añadimos la crema de leche. Dejamos cocinar a fuego medio unos 5 minutos.
4). Ponemos el queso parmesano rallado, y lo dejamos cocinar hasta que quede una salsa; probamos de sal. Si la salsa queda muy espesa, podemos echar leche hasta dejarla a nuestro gusto. Apagamos y dejamos enfriar.
5). Sacamos los solomillos y los cortamos en filetes para servirlos.
6). Una vez cortado en filetes, los iremos poniendo en la cazuela de nuevo. A la hora de servir, damos un golpe de calor y disfrutamos de esta exquisita receta de solomillo de cerdo en salsa parmesana. Este plato es ideal para fiestas o comidas familiares, acompañado de una buena ensalada o papas al horno.
(Más recetas deliciosas en mi blog Cocinando con Montse)
Fuente: https://www.recetasgratis.net/
Alain Debray & The Champs Elysées Orchestra - Madreselva
Música: Francisco Canaro
Letra: Luis César Amadori
Original Performer: Francisco Canaro (1931)
Vieja pared del arrabal,
tu sombra fue mi compañera.
De mi niñez sin esplendor
la amiga fue tu madreselva.
Cuando temblando mi amor primero
con esperanzas besaba mi alma,
yo junto a vos, pura y feliz,
cantaba así mi primera confesión.
Madreselvas en flor que me vieron nacer
y en la vieja pared sorprendieron mi amor,
tu humilde caricia es como el cariño
primero y querido que siento por él.
Madreselvas en flor que trepándose van
es tu abrazo tenaz y dulzón como aquel,
si todos los años tus flores renacen,
hacé que no muera mi primer amor...
Pasaron los años y mis desengaños
yo vengo a contarte, mi vieja pared...
Así aprendí que hay que fingir
para vivir decentemente;
que amor y fe mentiras son
y del dolor se ríe la gente...
Hoy que la vida me ha castigado
y me ha enseñado su credo amargo,
vieja pared, con emoción
me acerco a vos y te digo como ayer...
Madreselvas en flor que me vieron nacer
y en la vieja pared sorprendieron mi amor,
tu humilde caricia es como el cariño
primero y querido que nunca olvidé.
Madreselvas en flor que trepándose van,
es tu abrazo tenaz y dulzón como aquel...
Si todos los años tus flores renacen,
¿por qué ya no vuelve mi primer amor?
https://youtu.be/FwO8R5bzdDM
Letra: Luis César Amadori
Original Performer: Francisco Canaro (1931)
Vieja pared del arrabal,
tu sombra fue mi compañera.
De mi niñez sin esplendor
la amiga fue tu madreselva.
Cuando temblando mi amor primero
con esperanzas besaba mi alma,
yo junto a vos, pura y feliz,
cantaba así mi primera confesión.
Madreselvas en flor que me vieron nacer
y en la vieja pared sorprendieron mi amor,
tu humilde caricia es como el cariño
primero y querido que siento por él.
Madreselvas en flor que trepándose van
es tu abrazo tenaz y dulzón como aquel,
si todos los años tus flores renacen,
hacé que no muera mi primer amor...
Pasaron los años y mis desengaños
yo vengo a contarte, mi vieja pared...
Así aprendí que hay que fingir
para vivir decentemente;
que amor y fe mentiras son
y del dolor se ríe la gente...
Hoy que la vida me ha castigado
y me ha enseñado su credo amargo,
vieja pared, con emoción
me acerco a vos y te digo como ayer...
Madreselvas en flor que me vieron nacer
y en la vieja pared sorprendieron mi amor,
tu humilde caricia es como el cariño
primero y querido que nunca olvidé.
Madreselvas en flor que trepándose van,
es tu abrazo tenaz y dulzón como aquel...
Si todos los años tus flores renacen,
¿por qué ya no vuelve mi primer amor?
https://youtu.be/FwO8R5bzdDM
Miastenia grave
Es un trastorno neuromuscular. Los trastornos neuromusculares comprometen los músculos y los nervios que los controlan.
Causas
La miastenia grave es un tipo de trastorno autoinmunitario. Un trastorno autoinmunitario ocurre cuando el sistema inmunitario ataca por error al tejido sano. Los anticuerpos son proteínas producidas por el sistema inmunitario del cuerpo cuando este detecta sustancias dañinas. Los anticuerpos se pueden producir cuando el sistema inmunitario equivocadamente considera que el tejido sano es una sustancia dañina, como en el caso de la miastenia grave. En las personas con miastenia grave, el cuerpo produce anticuerpos que bloquean las células musculares para que no reciban mensajes (neurotransmisores) desde la célula nerviosa.
En algunos casos, la miastenia grave está asociada con tumores del timo (un órgano del sistema inmunitario).
La miastenia grave puede afectar a personas de cualquier edad. Es más común en mujeres jóvenes y hombres de edad avanzada.
Síntomas
La miastenia grave causa debilidad de los músculos voluntarios. Estos músculos son los que están bajo su control. Los músculos autónomos, como el corazón y el tubo digestivo, por lo general no resultan afectados. La debilidad muscular de la miastenia grave empeora con la actividad y mejora con el reposo.
Esta debilidad muscular puede llevar a una variedad de síntomas, incluso:
•Dificultad para respirar debido a la debilidad de los músculos de la pared torácica
•Dificultad para deglutir o masticar, lo que causa arcadas, asfixia o babeo frecuentes
•Dificultad para subir escaleras, levantar objetos o levantarse desde una posición en la que esté sentado
•Dificultad para hablar
•Cabeza y párpados caídos
•Parálisis facial o debilidad de los músculos faciales
•Fatiga
•Ronquera o cambio de voz
•Visión doble
•Dificultad para mantener la mirada
Pruebas y exámenes
El médico llevará a cabo un examen físico. Esto incluye una evaluación detallada del sistema nervioso (neurológica). Esto puede mostrar:
•Debilidad muscular, con los músculos del ojo que por lo general se afectan primero.
•Reflejos y sensibilidad (sensación) normales
Los exámenes que se pueden llevar a cabo incluyen:
•Anticuerpos frente a los receptores acetilcolínicos asociados con esta enfermedad
•Tomografía computarizada o resonancia magnética del tórax para buscar un tumor
•Estudios de conducción nerviosa para evaluar con qué rapidez las señales nerviosas se mueven a través de un nervio
•EMG para evaluar la salud de los músculos y los nervios que los controlan
•Pruebas de la función pulmonar para medir la respiración y qué tan bien están funcionando los pulmones
•Prueba del edrofonio para ver si este medicamento neutraliza los síntomas por un tiempo breve
Tratamiento
No se conoce cura para la miastenia grave. El tratamiento le puede permitir tener períodos prolongados sin ningún tipo de síntomas (remisión).
Los cambios en el estilo de vida a menudo le pueden ayudar a continuar con las actividades diarias. Se puede recomendar lo siguiente:
•Descansar todo el día
•Usar un parche para los ojos si la visión doble es molesta
•Evitar el estrés y la exposición al calor, que pueden empeorar los síntomas
Los medicamentos que se pueden recetar incluyen:
•Neostigmina o piridostigmina para mejorar la comunicación entre los nervios y los músculos
•La prednisona u otros fármacos (como azatioprina, ciclosporina o micofelonato mofetil) para inhibir la respuesta del sistema inmunitario, si tiene síntomas graves y otros medicamentos no han funcionado bien.
Las situaciones de crisis son episodios de debilidad de los músculos de la respiración. Estos episodios pueden ocurrir cuando se toma el medicamento en exceso o en menos cantidad de lo debido. Estos episodios por lo general no duran más de unas cuantas semanas. Es posible que se requiera hospitalización y se puede necesitar asistencia respiratoria con un ventilador.
También se puede utilizar un procedimiento llamado plasmaféresis para ayudar a superar la crisis. Este procedimiento consiste en extraer la parte transparente de la sangre (el plasma), la cual contiene anticuerpos. Esta se reemplaza con plasma donado y libre de anticuerpos o con otros líquidos. La plasmaféresis también puede ayudar a disminuir los síntomas por 4 a 6 semanas y a menudo se emplea antes de la cirugía.
También se puede usar otro medicamento llamado inmunoglobulina intravenosa (IVIg).
La cirugía para extirpar el timo (timectomía) puede dar como resultado una remisión permanente o menor necesidad de medicamentos, especialmente cuando hay un tumor presente.
Si usted tiene problemas en los ojos, el médico puede sugerir lentes prismáticos para mejorar la visión. También se puede recomendar la cirugía para tratar los músculos oculares.
La fisioterapia puede ayudar a mantener su fuerza muscular. Esto es especialmente importante para los músculos que ayudan a la respiración.
Algunos medicamentos pueden empeorar los síntomas y deben evitarse. Antes de tomar cualquier medicamento, pregunte a su médico si está bien o no que lo tome.
Grupos de apoyo
El estrés causado por la enfermedad se puede aliviar uniéndose a un grupo de apoyo para la miastenia grave. El hecho de compartir con otras personas que tengan experiencias y problemas en común puede ayudarle a no sentirse solo.
Expectativas (pronóstico)
No existe una cura, pero es posible una remisión a largo plazo. Usted tal vez tenga que restringir algunas actividades diarias. Las personas que solo presentan síntomas oculares (miastenia grave ocular) pueden desarrollar miastenia generalizada con el tiempo.
Una mujer con miastenia grave se puede embarazar, pero es importante la atención prenatal cuidadosa. El bebé puede debilitarse temporalmente y requerir medicamentos durante algunas semanas después del nacimiento, pero por lo general no presentará el trastorno.
Posibles complicaciones
La afección puede causar problemas respiratorios potencialmente mortales. Esto se denomina una crisis miasténica.
Las personas con miastenia grave tienen un riesgo más alto de padecer otros trastornos autoinmunitarios como tirotoxicosis, artritis reumatoidea y lupus eritematoso sistémico (lupus).
Fuente: https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000712.htm
Causas
La miastenia grave es un tipo de trastorno autoinmunitario. Un trastorno autoinmunitario ocurre cuando el sistema inmunitario ataca por error al tejido sano. Los anticuerpos son proteínas producidas por el sistema inmunitario del cuerpo cuando este detecta sustancias dañinas. Los anticuerpos se pueden producir cuando el sistema inmunitario equivocadamente considera que el tejido sano es una sustancia dañina, como en el caso de la miastenia grave. En las personas con miastenia grave, el cuerpo produce anticuerpos que bloquean las células musculares para que no reciban mensajes (neurotransmisores) desde la célula nerviosa.
En algunos casos, la miastenia grave está asociada con tumores del timo (un órgano del sistema inmunitario).
La miastenia grave puede afectar a personas de cualquier edad. Es más común en mujeres jóvenes y hombres de edad avanzada.
Síntomas
La miastenia grave causa debilidad de los músculos voluntarios. Estos músculos son los que están bajo su control. Los músculos autónomos, como el corazón y el tubo digestivo, por lo general no resultan afectados. La debilidad muscular de la miastenia grave empeora con la actividad y mejora con el reposo.
Esta debilidad muscular puede llevar a una variedad de síntomas, incluso:
•Dificultad para respirar debido a la debilidad de los músculos de la pared torácica
•Dificultad para deglutir o masticar, lo que causa arcadas, asfixia o babeo frecuentes
•Dificultad para subir escaleras, levantar objetos o levantarse desde una posición en la que esté sentado
•Dificultad para hablar
•Cabeza y párpados caídos
•Parálisis facial o debilidad de los músculos faciales
•Fatiga
•Ronquera o cambio de voz
•Visión doble
•Dificultad para mantener la mirada
Pruebas y exámenes
El médico llevará a cabo un examen físico. Esto incluye una evaluación detallada del sistema nervioso (neurológica). Esto puede mostrar:
•Debilidad muscular, con los músculos del ojo que por lo general se afectan primero.
•Reflejos y sensibilidad (sensación) normales
Los exámenes que se pueden llevar a cabo incluyen:
•Anticuerpos frente a los receptores acetilcolínicos asociados con esta enfermedad
•Tomografía computarizada o resonancia magnética del tórax para buscar un tumor
•Estudios de conducción nerviosa para evaluar con qué rapidez las señales nerviosas se mueven a través de un nervio
•EMG para evaluar la salud de los músculos y los nervios que los controlan
•Pruebas de la función pulmonar para medir la respiración y qué tan bien están funcionando los pulmones
•Prueba del edrofonio para ver si este medicamento neutraliza los síntomas por un tiempo breve
Tratamiento
No se conoce cura para la miastenia grave. El tratamiento le puede permitir tener períodos prolongados sin ningún tipo de síntomas (remisión).
Los cambios en el estilo de vida a menudo le pueden ayudar a continuar con las actividades diarias. Se puede recomendar lo siguiente:
•Descansar todo el día
•Usar un parche para los ojos si la visión doble es molesta
•Evitar el estrés y la exposición al calor, que pueden empeorar los síntomas
Los medicamentos que se pueden recetar incluyen:
•Neostigmina o piridostigmina para mejorar la comunicación entre los nervios y los músculos
•La prednisona u otros fármacos (como azatioprina, ciclosporina o micofelonato mofetil) para inhibir la respuesta del sistema inmunitario, si tiene síntomas graves y otros medicamentos no han funcionado bien.
Las situaciones de crisis son episodios de debilidad de los músculos de la respiración. Estos episodios pueden ocurrir cuando se toma el medicamento en exceso o en menos cantidad de lo debido. Estos episodios por lo general no duran más de unas cuantas semanas. Es posible que se requiera hospitalización y se puede necesitar asistencia respiratoria con un ventilador.
También se puede utilizar un procedimiento llamado plasmaféresis para ayudar a superar la crisis. Este procedimiento consiste en extraer la parte transparente de la sangre (el plasma), la cual contiene anticuerpos. Esta se reemplaza con plasma donado y libre de anticuerpos o con otros líquidos. La plasmaféresis también puede ayudar a disminuir los síntomas por 4 a 6 semanas y a menudo se emplea antes de la cirugía.
También se puede usar otro medicamento llamado inmunoglobulina intravenosa (IVIg).
La cirugía para extirpar el timo (timectomía) puede dar como resultado una remisión permanente o menor necesidad de medicamentos, especialmente cuando hay un tumor presente.
Si usted tiene problemas en los ojos, el médico puede sugerir lentes prismáticos para mejorar la visión. También se puede recomendar la cirugía para tratar los músculos oculares.
La fisioterapia puede ayudar a mantener su fuerza muscular. Esto es especialmente importante para los músculos que ayudan a la respiración.
Algunos medicamentos pueden empeorar los síntomas y deben evitarse. Antes de tomar cualquier medicamento, pregunte a su médico si está bien o no que lo tome.
Grupos de apoyo
El estrés causado por la enfermedad se puede aliviar uniéndose a un grupo de apoyo para la miastenia grave. El hecho de compartir con otras personas que tengan experiencias y problemas en común puede ayudarle a no sentirse solo.
Expectativas (pronóstico)
No existe una cura, pero es posible una remisión a largo plazo. Usted tal vez tenga que restringir algunas actividades diarias. Las personas que solo presentan síntomas oculares (miastenia grave ocular) pueden desarrollar miastenia generalizada con el tiempo.
Una mujer con miastenia grave se puede embarazar, pero es importante la atención prenatal cuidadosa. El bebé puede debilitarse temporalmente y requerir medicamentos durante algunas semanas después del nacimiento, pero por lo general no presentará el trastorno.
Posibles complicaciones
La afección puede causar problemas respiratorios potencialmente mortales. Esto se denomina una crisis miasténica.
Las personas con miastenia grave tienen un riesgo más alto de padecer otros trastornos autoinmunitarios como tirotoxicosis, artritis reumatoidea y lupus eritematoso sistémico (lupus).
Fuente: https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000712.htm
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El consultorio virtual del Doctor Fugazzetta
martes, 28 de agosto de 2018
¿Por qué se celebra el 27 de agosto el "Día de la radiodifusión en Argentina"?
El Día de la radiodifusión en nuestro país es el 27 de agosto, porque ese mismo día, en1920, pasados seis minutos de las 21:00, se produjo la primera emisión de radio en Argentina y hay quienes aseguran que también en el mundo.
El teatro Coliseo fue la locación utilizada por cuatro jóvenes bautizados como los Locos de la azotea, ya que desde la terraza del edificio ubicado en Cerrito y Charcas colocaron el transmisor de 5W con el que emitieron en vivo la obra Parsifal de Richard Wagner.
Aquel hito no tuvo una recepción demasiado popular, debido a que muy pocas personas tenían un aparato de radio a galena para escuchar la transmisión. Sin embargo, ese fue el puntapié inicial para que la radiodifusión argentina no detuviera su marcha hasta la actualidad, pese a que le auguraron su extinción en varias oportunidades.
La idea surgió de parte de Enrique Telémaco Susini, un jóven médico otorrinolaringólogo, quien sobre los finales de la Primera Guerra Mundial viajó a Francia para estudiar el efecto de los gases asfixiantes y paralizantes sobre las vías respiratorias. Allí encontró equipos de radio con transmisores casi abandonados que fueron los disparadores para que se embarcara en su posterior hazaña. A su regreso, se reunió con sus amigos, Miguel Mujica, César Guerrico y Luis Romero Carranza, otros entusiastas radioaficionados que llevaron adelante la ya mítica transmisión.
"Señoras y señores: la sociedad Radio Argentina les presenta hoy el festival sacro de Ricardo Wagner, "Parsifal", con la actuación del tenor Mestri, la soprano Argentina Sara César, el barítono Rossi Morelli y los bajos Chirino y Paggi, todos bajo la dirección de Félix von Wingartner, secundado por el coro y la orquesta del Teatro Constanzi de Roma", fueron las palabras elegidas por Susini aquel 27 de agosto, para dar el puntapié inicial a una transmisión que se extendió durante 3 horas.
Desde entonces se discute si la travesía de los cuatro jóvenes argentinos fue la primera transmisión de radio del mundo. Si bien hubo emisiones experimentales previas, la de los Locos fue la única hasta entonces regular, sistemática y dirigida a un público.
Además, en el libro Radiofonías del locutor, docente e investigador Oscar Bosetti, se señala que la fecha mencionada como para considerar a KDKA de Norteamérica como la primera estación de radiodifusión del mundo, es posterior a la de la Argentina.
"El primer programa de radio salió al aire a través de la KDKA en Pittsburg en la tarde del 2 de noviembre de 1.920, con los resultados de las elecciones presidenciales Harding-Cox", aseguran publicaciones de Estados Unidos. Es decir, dos meses más tarde que la del Coliseo.
En 1970, al cumplirse medio siglo de aquel hito, se estableció el 27 de agosto como Día de la Radiodifusión. Desde entonces, se celebra la magia que ya tiene 98 años.
Primera transmisión radial de la Argentina (1920)
https://youtu.be/5YvwhpeU_hs
El teatro Coliseo fue la locación utilizada por cuatro jóvenes bautizados como los Locos de la azotea, ya que desde la terraza del edificio ubicado en Cerrito y Charcas colocaron el transmisor de 5W con el que emitieron en vivo la obra Parsifal de Richard Wagner.
Aquel hito no tuvo una recepción demasiado popular, debido a que muy pocas personas tenían un aparato de radio a galena para escuchar la transmisión. Sin embargo, ese fue el puntapié inicial para que la radiodifusión argentina no detuviera su marcha hasta la actualidad, pese a que le auguraron su extinción en varias oportunidades.
La idea surgió de parte de Enrique Telémaco Susini, un jóven médico otorrinolaringólogo, quien sobre los finales de la Primera Guerra Mundial viajó a Francia para estudiar el efecto de los gases asfixiantes y paralizantes sobre las vías respiratorias. Allí encontró equipos de radio con transmisores casi abandonados que fueron los disparadores para que se embarcara en su posterior hazaña. A su regreso, se reunió con sus amigos, Miguel Mujica, César Guerrico y Luis Romero Carranza, otros entusiastas radioaficionados que llevaron adelante la ya mítica transmisión.
"Señoras y señores: la sociedad Radio Argentina les presenta hoy el festival sacro de Ricardo Wagner, "Parsifal", con la actuación del tenor Mestri, la soprano Argentina Sara César, el barítono Rossi Morelli y los bajos Chirino y Paggi, todos bajo la dirección de Félix von Wingartner, secundado por el coro y la orquesta del Teatro Constanzi de Roma", fueron las palabras elegidas por Susini aquel 27 de agosto, para dar el puntapié inicial a una transmisión que se extendió durante 3 horas.
Desde entonces se discute si la travesía de los cuatro jóvenes argentinos fue la primera transmisión de radio del mundo. Si bien hubo emisiones experimentales previas, la de los Locos fue la única hasta entonces regular, sistemática y dirigida a un público.
Además, en el libro Radiofonías del locutor, docente e investigador Oscar Bosetti, se señala que la fecha mencionada como para considerar a KDKA de Norteamérica como la primera estación de radiodifusión del mundo, es posterior a la de la Argentina.
"El primer programa de radio salió al aire a través de la KDKA en Pittsburg en la tarde del 2 de noviembre de 1.920, con los resultados de las elecciones presidenciales Harding-Cox", aseguran publicaciones de Estados Unidos. Es decir, dos meses más tarde que la del Coliseo.
En 1970, al cumplirse medio siglo de aquel hito, se estableció el 27 de agosto como Día de la Radiodifusión. Desde entonces, se celebra la magia que ya tiene 98 años.
Primera transmisión radial de la Argentina (1920)
https://youtu.be/5YvwhpeU_hs
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba...
Uno de los muchos sonetos famosos de Sor Juana Inés de la Cruz
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y en tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba.
Y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía,
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien, baste,
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste.
con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y en tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba.
Y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía,
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien, baste,
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste.
con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.
La historia de la primera periodista gráfica de guerra
Gerda Taro (cuyo nombre de nacimiento era Gerta Pohorylle) nació en Stuttgart, Alemania, el 1 de agosto de 1910 y falleció en El Escorial, España, el 26 de julio de 1937.
Fue una pionera periodista gráfica de guerra alemana y pareja sentimental del fotógrafo Endre Ernö Friedmann. Juntos fotografiaban bajo el pseudónimo de Robert Capa, siendo difícil saber qué fotos son de cada uno. Es considerada la primera fotoperiodista mujer que cubrió un frente de guerra y la primera en fallecer al llevarlo a cabo.
1. Biografía
Gerda Taro se llamaba en realidad Gerta Pohorylle, y era hija de judíos polacos. A pesar de sus orígenes burgueses, desde muy joven entró a formar parte de movimientos socialistas y obreros. Por eso con la llegada de los nazis al poder, y tras haber sufrido una detención, decidió huir con una amiga a París.
En París conoció por casualidad a Endre Erno Friedmann, un judío húngaro que intentaba ganarse la vida como fotógrafo. Gerda y André se hicieron novios y André le enseñó a Gerda sus conocimientos de fotografía.
Como no les iban bien las cosas y no recibían trabajo, se les ocurrió una curiosa idea. Inventarían un personaje llamado Robert Capa, que supuestamente era un reputado fotógrafo llegado de los Estados Unidos para trabajar en Europa. Como es tan famoso, vende sus fotos a través de sus representantes: Friedman y Pohorylle, al triple del precio que un fotógrafo francés. Este truco funciona perfectamente y al poco tiempo reciben montones de encargos y por fin ganan dinero.
2. Guerra Civil Española
En 1936 da comienzo la Guerra Civil Española, que marcaría decisivamente a ambos. Se trasladan a España para cubrir el conflicto. Fueron testigos de diferentes episodios de la guerra, y realizaban reportajes que luego eran publicados en revistas como Regards o Vu.
Al principio la marca «Capa» era utilizada indistintamente por ambos fotógrafos. Luego se produjo cierto distanciamiento entre ellos y Endre Friedmann se quedó con el nombre de «Robert Capa». Poco antes de morir ella comenzaría a emplear la firma de «Photo Taro».
Del trabajo de Gerda en solitario su reportaje más importante fue el de la primera fase de la batalla de Brunete. Gerda fue testigo del triunfo republicano en esta primera fase de la batalla. Este reportaje fue publicado en Regards el 22 de julio de 1937 y dio a Gerda un gran prestigio.
Sin embargo poco después las tropas franquistas iniciarían un contraataque, y Gerda decidió volver al frente de batalla en Brunete. Allí fue testigo de los bombardeos de la aviación del bando sublevado, y realizó muchas fotografías, poniendo en peligro su vida. Aquella batalla finalizó en derrota para el bando republicano.
3. Las últimas horas de Gerda Taro
Aníbal González, el conductor del tanque, no notó nada cuando las orugas de su máquina pasaron por encima de Gerda Taro. Ningún ruido, ningún movimiento. Lógico. Su tanque pesaba 9.500 kilos y llevaban replegándose toda la mañana por los campos entre Brunete y Villanueva de la Cañada, con la Legión Cóndor sobre sus cabezas arrojándoles todo el hierro que tenían y ametrallándoles en cada kilómetro de su retirada. Hacía un calor de los que te hacen renegar de cada paso. Estar dentro de un tanque con más de cuarenta grados a la sombra tiene que ser un infierno. Normalmente las tripulaciones solían ser mixtas: españoles conduciendo o cargando el cañón de 45 mm, brigadistas internacionales y el comandante y tirador, que podía ser soviético. En el Madrid de 1936, las tripulaciones eran soviéticas pero ahora, en julio de 1937, todo había cambiado, la llegada de nuevos tanques exigía más tripulaciones y ya no importaba tanto el origen de los mismos.
La carretera de Villanueva de la Cañada se hallaba anegada por la retirada de las tropas republicanas, los coches, los tanques, las ambulancias, los camiones, la artillería… Todo el mundo se quería poner a salvo ante el avance de las tropas de Franco, y Aníbal González no tenía tiempo que perder. Gerda y su compañero Ted Allen habían estado toda la mañana en primera fila, haciendo fotos y grabando con la cámara de cine Eyemo. Habían llegado hasta el cuartel del general polaco Walter, con quien le unía a Gerda una gran camaradería, por aquello de ser polacos los dos y haber coincidido también en la ofensiva de La Granja, meses antes, junto con Robert Capa. Pero la acometida de las tropas republicanas estaba dando un vuelco que olía a derrota.
El general Walter (Karol Waclaw Swierczewski) les había rogado que abandonasen el lugar, que el frente se estaba viniendo abajo, y que no había tiempo que perder si no querían caer en manos de las tropas de Franco Y así lo hicieron. Todavía les dio tiempo de grabar un ataque aéreo, en el que Gerda, con un enorme derroche de valor, había abandonado la trinchera en la que se protegían de las bombas y con la cámara de cine había tomado unas buenas imágenes de la aviación enemiga sembrando destrucción en el campo de batalla. Tenían que retirarse hacia el Norte. Allí estaba Villanueva, el primer paso hacia la retaguardia.
El camino se iba saturando y ralentizando cada vez más, con toda suerte de soldados y máquinas, y parecía que lo que había empezado como una batalla triunfal y que iba a estrangular a las tropas nacionales en su asedio a Madrid, se estaba desintegrando de forma inexplicable. Habría que empezar de nuevo. Las esperanzas de una victoria definitiva, con un nuevo ejército, se habían convertido en polvo, como el que levantaba aquel ejército en retirada ante el pasmo de alguno de sus jefes y oficiales.
No había tiempo que perder, Gerda y Ted vieron un coche, un Chevrolet Matford negro, que inmediatamente identificaron como el del general Walter: “Nuestro puesto de mando sobre ruedas”, como lo llamaba su ayudante, Alex Szurek. Era un símbolo de seguridad, de escape de aquel pudridero, de aquella derrota insoportable en que se había convertido la ofensiva de Brunete. Aníbal González con su carro de combate formaba parte de un pelotón de cuatro T-26 y sabían que al Oeste se encontraba la carretera que enlazaba con Villanueva. Ya habían caído muchos compañeros y era necesario huir. La aviación republicana había perdido el dominio del cielo y la retirada se había convertido en la “caza del pato” para la aviación enemiga.
Aquellos mastodontes de metal se habían transformado en objetivos fáciles para los Heinkel 111 y los Junkers 52 y había que ponerse a cubierto. Gerda se acercó al coche y les preguntó si podían acercarles a Villanueva de la Cañada. El conductor del vehículo era de nuevo el checo Josef Edenhoffer, y la queja y el estrés se mezclaban en su cara. El coche iba repleto de heridos, con los asientos y el suelo tintados de sangre. No había sitio, pero los conocía de otras ocasiones y les ofreció los estribos del coche donde podrían ir colgados hasta Villanueva, que estaba a apenas unos kilómetros. Gerda asintió. Dejó su cámara de fotos Leica y la cámara de cine Eyemo en el asiento del copiloto. Se agarraron bien y comenzaron su particular repliegue entre el lamento de los heridos y el polvo, que con el calor, lo inundaba todo.
Aníbal y el pequeño grupo de tanques que le seguía continuaban abriéndose paso por un bosquecillo. El ruido del motor del carro blindado, el calor, las balas que percutían contra su estructura con un característico estruendo metálico, las explosiones en los alrededores, los gritos que se lanzaban los tripulantes… A veces simples gestos porque no conseguían hacerse entender, en parte por el ruido infernal, en parte por los diferentes idiomas de cada uno de los ocupantes. La temperatura había convertido los monos de tanquistas en una segunda piel de sudor y miedo. Con la garganta reseca y los labios blanquecinos, ya que no quedaba una gota de agua, la mente de Aníbal marchaba a cien por hora. Sólo prestaba atención a una voz interior que le decía: “¡Vamos, vamos, hay que salir de esta mierda, venga, venga…!”.
La carretera se iba convirtiendo en una riada de gritos, juramentos, cláxones y cacofonía de motores, agravado por el vuelo rasante, el zumbido aterrador de la aviación franquista. Gerda y Ted comenzaron a oír un ruido de motores a su derecha. Aníbal seguía acelerando, intentando ver algo en medio de los árboles. La carretera debía de andar cerca. Gerda y Ted giraron sus cabezas esperando ver de dónde procedía aquel rumor creciente. Aníbal descubrió un claro entre las ramas e irrumpió en la carretera: un mar de personas y vehículos. A Gerda apenas le dio tiempo a darse cuenta de que un tanque T-26 junto a otros más se le venía encima saliendo de la espesura de forma impetuosa. Josef intentó esquivarlos dando un volantazo y girando a la izquierda. Pero ya era demasiado tarde. Gerda cayó del coche y las orugas pasaron por encima provocándole heridas mortales. Las cadenas la reventaron. Ted se rompió una pierna. Unas fuentes dicen que el coche volcó y otras que consiguió mantenerse en la carretera… con las cámaras en el asiento del copiloto.
Otros testigos aseguran que Gerda había caído por un bache o una explosión anterior, justo detrás de una pequeña valla, y que el tanque, maniobrando hacia atrás o descontrolado, se llevó por delante a la gran promesa de la fotografía europea. La retirada continuaba, pero había que evacuar a Gerda Taro de allí. Unas horas más tarde, cuando pudieron detener sus máquinas blindadas, otro tanquista, de nombre Fernando Plaza, le dijo a Aníbal: “¡Te has cargado a la francesa!”.
Ni se había dado cuenta. Pero sí conocía a la francesa. Todos la conocían como la compañera de Capa. Gerda Taro no saldría viva de la batalla de Brunete. La trasladaron al hospital de El Escorial. Otras fuentes hablan del hospital inglés de El Goloso. En cualquier caso, el daño era espantoso. Una transfusión y morfina para acompañarla hasta su hora es lo único que pudieron hacer por ella. Su obsesión eran sus cámaras, saber dónde estaban. A su compañero Ted, que se había roto el fémur, le escayolaron la pierna. El médico y la enfermera Irene Goldin intentaron que sus últimas horas lo fueran sin dolor. Murió muy temprano, por la mañana. Era el 26 de julio de 1937 y la batalla de Brunete acabaría, en nada, pero con miles de muertos.
Robert Capa, mientras tanto, se encontraba en París, intentando conseguir contratos y permisos para trasladarse junto a Gerda al frente chino-japonés. Podía ser otra gran aventura. Pero descubrió en la consulta de un dentista, en la tercera página de un periódico, que su amada había perdido la vida en la batalla de Brunete. Desde entonces nada iba a ser lo mismo. Se iba a acercar cada vez más a la muerte. Y si te acercas demasiado es más fácil que te acabes encontrando con ella. Moriría en el conflicto indochino al pisar una mina en 1954. La guerra y la parca, inseparables compañeras, le estaban esperando diecisiete años después.
Fue una pionera periodista gráfica de guerra alemana y pareja sentimental del fotógrafo Endre Ernö Friedmann. Juntos fotografiaban bajo el pseudónimo de Robert Capa, siendo difícil saber qué fotos son de cada uno. Es considerada la primera fotoperiodista mujer que cubrió un frente de guerra y la primera en fallecer al llevarlo a cabo.
1. Biografía
Gerda Taro se llamaba en realidad Gerta Pohorylle, y era hija de judíos polacos. A pesar de sus orígenes burgueses, desde muy joven entró a formar parte de movimientos socialistas y obreros. Por eso con la llegada de los nazis al poder, y tras haber sufrido una detención, decidió huir con una amiga a París.
En París conoció por casualidad a Endre Erno Friedmann, un judío húngaro que intentaba ganarse la vida como fotógrafo. Gerda y André se hicieron novios y André le enseñó a Gerda sus conocimientos de fotografía.
Como no les iban bien las cosas y no recibían trabajo, se les ocurrió una curiosa idea. Inventarían un personaje llamado Robert Capa, que supuestamente era un reputado fotógrafo llegado de los Estados Unidos para trabajar en Europa. Como es tan famoso, vende sus fotos a través de sus representantes: Friedman y Pohorylle, al triple del precio que un fotógrafo francés. Este truco funciona perfectamente y al poco tiempo reciben montones de encargos y por fin ganan dinero.
2. Guerra Civil Española
En 1936 da comienzo la Guerra Civil Española, que marcaría decisivamente a ambos. Se trasladan a España para cubrir el conflicto. Fueron testigos de diferentes episodios de la guerra, y realizaban reportajes que luego eran publicados en revistas como Regards o Vu.
Al principio la marca «Capa» era utilizada indistintamente por ambos fotógrafos. Luego se produjo cierto distanciamiento entre ellos y Endre Friedmann se quedó con el nombre de «Robert Capa». Poco antes de morir ella comenzaría a emplear la firma de «Photo Taro».
Del trabajo de Gerda en solitario su reportaje más importante fue el de la primera fase de la batalla de Brunete. Gerda fue testigo del triunfo republicano en esta primera fase de la batalla. Este reportaje fue publicado en Regards el 22 de julio de 1937 y dio a Gerda un gran prestigio.
Sin embargo poco después las tropas franquistas iniciarían un contraataque, y Gerda decidió volver al frente de batalla en Brunete. Allí fue testigo de los bombardeos de la aviación del bando sublevado, y realizó muchas fotografías, poniendo en peligro su vida. Aquella batalla finalizó en derrota para el bando republicano.
3. Las últimas horas de Gerda Taro
Aníbal González, el conductor del tanque, no notó nada cuando las orugas de su máquina pasaron por encima de Gerda Taro. Ningún ruido, ningún movimiento. Lógico. Su tanque pesaba 9.500 kilos y llevaban replegándose toda la mañana por los campos entre Brunete y Villanueva de la Cañada, con la Legión Cóndor sobre sus cabezas arrojándoles todo el hierro que tenían y ametrallándoles en cada kilómetro de su retirada. Hacía un calor de los que te hacen renegar de cada paso. Estar dentro de un tanque con más de cuarenta grados a la sombra tiene que ser un infierno. Normalmente las tripulaciones solían ser mixtas: españoles conduciendo o cargando el cañón de 45 mm, brigadistas internacionales y el comandante y tirador, que podía ser soviético. En el Madrid de 1936, las tripulaciones eran soviéticas pero ahora, en julio de 1937, todo había cambiado, la llegada de nuevos tanques exigía más tripulaciones y ya no importaba tanto el origen de los mismos.
La carretera de Villanueva de la Cañada se hallaba anegada por la retirada de las tropas republicanas, los coches, los tanques, las ambulancias, los camiones, la artillería… Todo el mundo se quería poner a salvo ante el avance de las tropas de Franco, y Aníbal González no tenía tiempo que perder. Gerda y su compañero Ted Allen habían estado toda la mañana en primera fila, haciendo fotos y grabando con la cámara de cine Eyemo. Habían llegado hasta el cuartel del general polaco Walter, con quien le unía a Gerda una gran camaradería, por aquello de ser polacos los dos y haber coincidido también en la ofensiva de La Granja, meses antes, junto con Robert Capa. Pero la acometida de las tropas republicanas estaba dando un vuelco que olía a derrota.
El general Walter (Karol Waclaw Swierczewski) les había rogado que abandonasen el lugar, que el frente se estaba viniendo abajo, y que no había tiempo que perder si no querían caer en manos de las tropas de Franco Y así lo hicieron. Todavía les dio tiempo de grabar un ataque aéreo, en el que Gerda, con un enorme derroche de valor, había abandonado la trinchera en la que se protegían de las bombas y con la cámara de cine había tomado unas buenas imágenes de la aviación enemiga sembrando destrucción en el campo de batalla. Tenían que retirarse hacia el Norte. Allí estaba Villanueva, el primer paso hacia la retaguardia.
El camino se iba saturando y ralentizando cada vez más, con toda suerte de soldados y máquinas, y parecía que lo que había empezado como una batalla triunfal y que iba a estrangular a las tropas nacionales en su asedio a Madrid, se estaba desintegrando de forma inexplicable. Habría que empezar de nuevo. Las esperanzas de una victoria definitiva, con un nuevo ejército, se habían convertido en polvo, como el que levantaba aquel ejército en retirada ante el pasmo de alguno de sus jefes y oficiales.
No había tiempo que perder, Gerda y Ted vieron un coche, un Chevrolet Matford negro, que inmediatamente identificaron como el del general Walter: “Nuestro puesto de mando sobre ruedas”, como lo llamaba su ayudante, Alex Szurek. Era un símbolo de seguridad, de escape de aquel pudridero, de aquella derrota insoportable en que se había convertido la ofensiva de Brunete. Aníbal González con su carro de combate formaba parte de un pelotón de cuatro T-26 y sabían que al Oeste se encontraba la carretera que enlazaba con Villanueva. Ya habían caído muchos compañeros y era necesario huir. La aviación republicana había perdido el dominio del cielo y la retirada se había convertido en la “caza del pato” para la aviación enemiga.
Aquellos mastodontes de metal se habían transformado en objetivos fáciles para los Heinkel 111 y los Junkers 52 y había que ponerse a cubierto. Gerda se acercó al coche y les preguntó si podían acercarles a Villanueva de la Cañada. El conductor del vehículo era de nuevo el checo Josef Edenhoffer, y la queja y el estrés se mezclaban en su cara. El coche iba repleto de heridos, con los asientos y el suelo tintados de sangre. No había sitio, pero los conocía de otras ocasiones y les ofreció los estribos del coche donde podrían ir colgados hasta Villanueva, que estaba a apenas unos kilómetros. Gerda asintió. Dejó su cámara de fotos Leica y la cámara de cine Eyemo en el asiento del copiloto. Se agarraron bien y comenzaron su particular repliegue entre el lamento de los heridos y el polvo, que con el calor, lo inundaba todo.
Aníbal y el pequeño grupo de tanques que le seguía continuaban abriéndose paso por un bosquecillo. El ruido del motor del carro blindado, el calor, las balas que percutían contra su estructura con un característico estruendo metálico, las explosiones en los alrededores, los gritos que se lanzaban los tripulantes… A veces simples gestos porque no conseguían hacerse entender, en parte por el ruido infernal, en parte por los diferentes idiomas de cada uno de los ocupantes. La temperatura había convertido los monos de tanquistas en una segunda piel de sudor y miedo. Con la garganta reseca y los labios blanquecinos, ya que no quedaba una gota de agua, la mente de Aníbal marchaba a cien por hora. Sólo prestaba atención a una voz interior que le decía: “¡Vamos, vamos, hay que salir de esta mierda, venga, venga…!”.
La carretera se iba convirtiendo en una riada de gritos, juramentos, cláxones y cacofonía de motores, agravado por el vuelo rasante, el zumbido aterrador de la aviación franquista. Gerda y Ted comenzaron a oír un ruido de motores a su derecha. Aníbal seguía acelerando, intentando ver algo en medio de los árboles. La carretera debía de andar cerca. Gerda y Ted giraron sus cabezas esperando ver de dónde procedía aquel rumor creciente. Aníbal descubrió un claro entre las ramas e irrumpió en la carretera: un mar de personas y vehículos. A Gerda apenas le dio tiempo a darse cuenta de que un tanque T-26 junto a otros más se le venía encima saliendo de la espesura de forma impetuosa. Josef intentó esquivarlos dando un volantazo y girando a la izquierda. Pero ya era demasiado tarde. Gerda cayó del coche y las orugas pasaron por encima provocándole heridas mortales. Las cadenas la reventaron. Ted se rompió una pierna. Unas fuentes dicen que el coche volcó y otras que consiguió mantenerse en la carretera… con las cámaras en el asiento del copiloto.
Otros testigos aseguran que Gerda había caído por un bache o una explosión anterior, justo detrás de una pequeña valla, y que el tanque, maniobrando hacia atrás o descontrolado, se llevó por delante a la gran promesa de la fotografía europea. La retirada continuaba, pero había que evacuar a Gerda Taro de allí. Unas horas más tarde, cuando pudieron detener sus máquinas blindadas, otro tanquista, de nombre Fernando Plaza, le dijo a Aníbal: “¡Te has cargado a la francesa!”.
Ni se había dado cuenta. Pero sí conocía a la francesa. Todos la conocían como la compañera de Capa. Gerda Taro no saldría viva de la batalla de Brunete. La trasladaron al hospital de El Escorial. Otras fuentes hablan del hospital inglés de El Goloso. En cualquier caso, el daño era espantoso. Una transfusión y morfina para acompañarla hasta su hora es lo único que pudieron hacer por ella. Su obsesión eran sus cámaras, saber dónde estaban. A su compañero Ted, que se había roto el fémur, le escayolaron la pierna. El médico y la enfermera Irene Goldin intentaron que sus últimas horas lo fueran sin dolor. Murió muy temprano, por la mañana. Era el 26 de julio de 1937 y la batalla de Brunete acabaría, en nada, pero con miles de muertos.
Robert Capa, mientras tanto, se encontraba en París, intentando conseguir contratos y permisos para trasladarse junto a Gerda al frente chino-japonés. Podía ser otra gran aventura. Pero descubrió en la consulta de un dentista, en la tercera página de un periódico, que su amada había perdido la vida en la batalla de Brunete. Desde entonces nada iba a ser lo mismo. Se iba a acercar cada vez más a la muerte. Y si te acercas demasiado es más fácil que te acabes encontrando con ella. Moriría en el conflicto indochino al pisar una mina en 1954. La guerra y la parca, inseparables compañeras, le estaban esperando diecisiete años después.
De un Mundo Raro - Autor: José Alfredo Jiménez
Cuando te hablen de amor y de ilusiones,
y te ofrezcan un sol y un cielo entero;
si te acuerdas de mí, no me menciones,
porque vas a sentir amor del bueno.
Y si quieren saber de tu pasado
es preciso decir una mentira;
di que vienes de allá, de un mundo raro,
que no sabes llorar,
que no entiendes de amor
y que nunca has amado.
Porque yo adonde voy,
hablaré de tu amor
como un sueño dorado.
Y olvidando el rencor,
no diré que tu adiós
me volvió desgraciado.
Y si quieren saber de mi pasado
es preciso decir otra mentira;
les diré que llegué de un mundo raro,
que no sé del dolor,
que triunfé en el amor
y que nunca he llorado.
Canta: Joan Manuel Serrat - álbum: Canciones (2000)
https://youtu.be/4SmLDXpc5fU
y te ofrezcan un sol y un cielo entero;
si te acuerdas de mí, no me menciones,
porque vas a sentir amor del bueno.
Y si quieren saber de tu pasado
es preciso decir una mentira;
di que vienes de allá, de un mundo raro,
que no sabes llorar,
que no entiendes de amor
y que nunca has amado.
Porque yo adonde voy,
hablaré de tu amor
como un sueño dorado.
Y olvidando el rencor,
no diré que tu adiós
me volvió desgraciado.
Y si quieren saber de mi pasado
es preciso decir otra mentira;
les diré que llegué de un mundo raro,
que no sé del dolor,
que triunfé en el amor
y que nunca he llorado.
Canta: Joan Manuel Serrat - álbum: Canciones (2000)
https://youtu.be/4SmLDXpc5fU
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